downtown manhattan…

El Financial District 

el distrito financiero a través de los años…

El límite sur de Manhattan comprende el desaparecido World Trade Center, Battery Park City y el Financial District, en los alrededores de Wall Street. Se trata de la zona más histórica de Manhattan y en ella se superponen todos los estratos de la historia de la ciudad, incluso uno de los más sangrientos, el de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Muy tocada material y económicamente por estos ataques terroristas, en este extremo de la ciudad no se ha parado de construir desde entonces… Un ejemplo más de Nueva York es una ciudad fuerte y muy capaz de superar un dramático episodio que impactó enormemente a todos los neoyorquinos.

En el antiguo emplazamiento de los primeros de colonos holandeses, se alzan hoy gigantescos rascacielos entre una maraña de calles estrechas y algún que otro edificio de los que sobrevive casi desde los inicios de Manhattan.

Es la zona más antigua de Manhattan y uno de los pocos lugares en la isla donde todavía  se pueden apreciar algunas reminiscencias históricas. 

Actualmente, aquí se situa el agitado centro financiero de la ciudad, donde las pequeñas Wall Street y Broad Street asoman bajo las sombras de los resplandecientes rascacielos que las rodean. 

Callejuelas que desbordan gente durante la semana y que, más allá de las peatonales Stone Street y South Street Seaport, se vacían tras la jornada laboral.

Casi 20 años después de los ataques del 11-S, el lugar que ocupaban las Torres Gemelas es un hervidero de nuevas construcciones observadas desde lo alto del mirador del imponente One World Trade Center o,  a pie de calle,  desde el sombrío 11-S Memorial and Museum. 

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Aunque poco queda ya de aquella época, en el Distrito Financiero es donde se formó Nueva York (… y Estados Unidos) y los contados vestigios que han perdurado a lo largo del tiempo han ido siendo arrinconados por una creciente red financiera que ha alcanzado dimensiones colosales.

Los primeros en llegar fueron los holandeses, que levantaron una poderosa colonia en el borde sur de la isla. Nueva Amsterdam, que así se llamó la colonia holandesa,  emergió y prosperó bajo el control comercial de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales.

A mediados del s.XVII, la ciudad estaba protegida al sur por un fuerte y al norte por una muralla de madera que se construyó en el límite de su pequeño asentamiento para protegerse, en primer lugar de los indios y más adelante de los ingleses… 

Esa muralla que, con el tiempo dio su nombre a una de las calles más famosas del mundo (¿la más?), Wall Street, era desmantelado constantemente por los habitantes de la ciudad, que robaban la madera para construir sus casas o calentarse durante el frío invierno. 

Y es que en ese momento casi 1.000 personas habitaban unas 120 casas de madera y ladrillo con tejados a dos aguas,  dispuestas en un entramado de calles estrechas y sinuosas que seguía el modelo de canales de su homóloga holandesa. 

Peter Stuyvesant fue el último y más célebre de los gobernadores de la ciudad, que ostentó el cargo desde 1647 hasta la cesión de la ciudad a los ingleses en 1664. Su exitos como gobernador incluyen la expansión del asentamiento más allá de la punta sur de la isla, la muralla de Wall Street, el canal que pasó a ser Broad Street o Broadway. 

Al llegar los británicos, los edificios de estilo georgiano, como la Fraunces Tavern, comenzaron a sustituir a las estrechas viviendas holandesas, se eliminó el muro de madera que marcó el nacimiento de Wall Street, que pronto se convirtió en una arteria administrativa y residencial flanqueada por filas de elegantes casas.

Bajo gobierno americano, la zona se especializó en  actividades comerciales y empresariales y se fueron desarrollando entidades de crédito y otros servicios bancarios.

Hombres de negocios como Cornelius Vanderbilt, John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, J. Piermont Morgan o Henry Ford contribuyeron a que Nueva York conquistase una posición de liderazgo económico durante la segunda mitad del s.XIX y las primeras décadas del s.XX., asumiendo un gradual liderazgo, sustituyendo a Londres como capital financiera mundial.

Hoy en día, este Distrito es un gran barrio para visitar.

Trepidante de día y tranquilo de noche en cuanto a la actividad financiera se refiere, también ofrece divertidas atracciones como los ferrys a la Estatua de la Libertad/Ellis Island o a Staten Island, el South Street Seaport, el Puente de Brooklyn o el observatorio de la Torre de la Libertad… 

Al menos necesitaréis un par de días para verlo todo con un poco de calma, así que hemos dividido la ruta en dos para no agobiaros.

Manhattan, a lo largo de los siglos, se ha extendido mucho más allá de sus límites primitivos. Cuando los holandeses se instalaron allí, el litoral ofrecía un aspecto muy diferente del que tiene hoy en día. 

Las hectáreas se han ido ganando poco a poco a base de desguaces de buques, de detritus y de tierra procedente de las excavaciones hechas durante la construcción de edificios y líneas de metro

RUTA POR EL DOWNTOWN. Día 1

– La Estatua de la Libertad y Ellis Island

Probablemente no exista otro monumento en el mundo tan célebre y simbólico como la ESTATUA DE LA LIBERTAD. Esta gigantesca escultura, antorcha en mano, ha sido durante décadas, la primera imagen del Nuevo Mundo para millones de inmigrantes que asociaron su visión a la esperanza de una vida mejor en una tierra libre.

Si Lady Liberty es la gran metáfora sobre el inicio de una nueva vida, … la visita a ELLIS ISLAND es un potente recordatorio de que Estados Unidos es un territorio de inmigrantes… Y es que más de 12 millones de personas pasaron por sus instalaciones, la gran puerta de entrada de los inmigrantes en América.

-Skycraper Museum  

La metropoli más importante del mundo celebra en el Skyscraper Museum el rico patrimonio arquitectónico vertical de la ciudad. Un museo que, actualmente, es el único  de estas características en el mundo.

El lugar original del museo estaba ubicado muy cerca del World Trade Center, pero tras los ataques terroristas del 11 de septiembre, el museo tuvo que cerrar temporalmente ya que su solar iba a ser utilizado como centro de información de emergencia.

En marzo del 2004, el museo reabrió sus puertas en su nueva casa permanente en el barrio de Battery Park City en la parte sur de Manhattan.

Cuenta con dos galerías, una dedicada a exposiciones permanentes y la otra a exposiciones temporales.

Las exposiciones permanentes se basan en la historia de la construcción de los edificios más altos del mundo. 

Las exposiciones temporales las van dedicando a rascacielos concretos, arquitectos, conjuntos arquitectónicos… tanto de la ciudad de Nueva York como del resto del mundo.

La exhibición incluye el modelo arquitectónico original de las Torres Gemelas.

– Bowling Green, donde empezó todo…  

En efecto, de alguna forma, aquí empezó Nueva York…

La historia de este pequeño parque ovalado, en el tranquilo final de Broadway,  se remonta a los tiempos de Nueva Amsterdam. En estos terrenos se produjo el que, para unos, fue uno de los acuerdos comerciales más memorables de la historia y, para otros, el primer expolio a los indios de la historia de Norteamérica, aunque para ser rigurosamente exactos, hay que decir que los indios nunca fueron los propietarios de las tierras, así que ambas partes salieron beneficiados del trato.

La cuestión es que fue aquí donde, en 1626, el holandés Peter Minuit, el primer director comercial de la colonia holandesa,  compró la isla de Manhattan a los indigenas por unas baratijas valoradas en unos 60 florines, unos 24$ de ahora.  

Curiosamente aquí al lado se encuentra el Museo Nacional de los Indios Americanos.

El terreno pasó el lugar donde residía la jefatura administrativa holandesa : Fort Amsterdam, además de un convertirse en un emplazamiento para el mercado de ganado y para una plaza de armas. 

No fue hasta 1733 cuando se arrendó por un modesto grano de pimienta al año a varios ciudadanos ilustres del barrio para que crearan un parque que fuera un «orgullo para los habitantes de la ciudad». Entre las mejoras destacaba una zona para jugar a los nueve bolos, un precursor del juego de bolos actual.

Había nacido el que hoy es el parque más antiguo de la ciudad: el Bowling Green. 

En 1770, bajo mandato inglés, el gobierno británico levantó una una polémica estatua ecuestre del rey Jorge III, que pronto se convertiría en el centro de la ira de las protestas patriotas. Para protegerla, un año más tarde se construyó una verja de hierro que todavía se conserva en su estado original, no como la estatua que, tras la lectura en 1776 de la Declaración de Independencia fue derribada y fundida para fabricar con ella, según la sabiduría popular, 42.088 balas para los colonos independentistas. 

Simbólicamente, se trataba de pequeños trozos del monarca disparados a sus propias tropas durante la Revolución Americana.

Los remates con forma de corona inglesa que adornaban los postes de la valla, elaborados con hierro fundido, fueron serrados durante el fervor revolucionario… Las marcas de la sierra aún son visibles. 

En 1842, en la plaza se instaló la primera fuente con agua no contaminada, alimentada con agua del nuevo depósito del río Croton, que alivió a los neoyorquinos de las numerosas epidemias causadas por el agua de los pozos. 

Con el tiempo, las prósperas residencias burguesas que flanqueaban el parque en el s. XIX  fueron cediendo su lugar a enormes edificios de oficinas.

Después de la Segunda Guerra Mundial el parque sufrió un abandono, pero fue restaurado durante la década de los 70.

Hoy en día, aquí acuden los oficinistas de la zona a almorzar y los turistas a fotografiarse en uno de los lugares más reconocibles del distrito financiero : el Charging Bull, esculpida en bronze por el escultor Arturo di Modica.

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– Trinity Church  

La Trinity Church parece estar fuera de lugar entre tanto edificio de oficinas. Aunque en su momento fue el edificio más alto de la ciudad, hoy aparece empequeñecida a la sombra de sus vecinos rascacielos. 

Esta deliciosa iglesia neogótica es uno de los pocos vestigios de la época inglesa.

La Trinity Church fue fundada en 1697, en virtud de una cédula real del rey Guillermo III que otorgaba unos terrenos a la parroquia anglicana de Trinity.

El año siguiente se levantó la primera construcción de esta iglesia, una capilla rural con una aguja y una campana que el obispo de Londres regaló en 1704, pero esta se quemó durante el gran incendio de 1776, cuando el ejército británico ocupó Nueva York.

Durante la Guerra de la Independencia la iglesia se convirtió en un baluarte del lado leal (a Inglaterra), pero el fin de la guerra supuso el fin del apoyo a la causa británica en la ciudad. 

En el mismo emplazamiento, fue sustituida por un segundo edificio, cuyo techo se hundió en 1839. Acabó siendo derribado por evidentes defectos estructurales.

El edificio actual se terminó en 1846, con arenisca roja, unas vidrieras preciosas y una aguja de ocho lados cuya altura alcanza los 85 metros. Con esa altura, alcanzó el techo de la ciudad, mérito que conservó hasta 1890. 

Antes de salir de la iglesia, se puede pasear por un pequeño cementerio que proporciona un poco de verdor y de sombra en medio de tanto ladrillo. Un oasis verde de valor incalculable atendiendo a su excelente ubicación. Bajo el césped descansan algunos de los primeros habitantes de Manhattan y varios neoyorquinos de renombre … Sobre él, algunos oficinistas que se acercan hasta allí a la hora del desayuno. 

La lápida más antigua corresponde a la sepultura de Richard Churcher, muerto en 1681. Entre los ilustres, descansan Robert Fulton, inventor del barco de vapor, y dos de los Padres Fundadores de la Nación : Alexander Hamilton el primer Secretario del Tesoro de los EE.UU (lo que vendría a ser nuestro Ministro de Hacienda), sobre el que se representa en Broadway uno de los musicales de más éxito del momento,  y Francis Lewis, un comerciante galés que firmó como representante de Nueva York.

La Trinity Church, con su imponente aguja neogótica. La cédula real original que otorgaba los terrenos a la parroquia está expuesta en el pequeño museo de la iglesia. 

– Wall Street  

Wall Street, epicentro de la actividad económica mundial, simboliza  el poder financiero de la nación. 

Esta pequeña calle representa como ninguna otra la pasión por el dinero ya desde los tiempos del gobernador Peter Stuyvesant.

Al pasar por Wall Street, es difícil no fijarse en la imponente estatua de bronce de George Washington en las escaleras del Federal Hall National Monument. En este lugar el primer presidente de los Estados Unidos tomó posesión de la presidencia del país. La estatua frente al Federal Hall National Monument señala el lugar donde juró el cargo el celebrado primer presidente de Estados Unidos. 

George Washington custodiando la Bolsa de Nueva York

En la esquina de Wall St. con Broad St., aparece el edificio de la BOLSA DE NUEVA YORK  a la sombra de enormes rascacielos como un verdadero templo financiero.

Aunque todo el mundo asocia el edificio de la New York Stock Exchange a Wall Street es, sin embargo en el número 8 de Broad Street, donde reside la Bolsa y donde se concentra gran parte de la actividad financiera del barrio.

El edificio, que data de 1903, presenta una fachada majestuosa de columnas coríntias, coronada por un frontón de figuras esculpidas que simbolizan el progreso, que vigila a la agricultura y la industria.

Cuando las figuras originales empezaron a deteriorarse, la Bolsa los cambió clandestinamente por unas copias de metal virtualmente indestructibles para que, bajo ningún concepto, se pudiera observar cualquier tipo de vulnerabilidad relacionada con la Bolsa.

Dentro, la adrenalina se dispara cuando cientos de corredores de bolsa comercian con miles de millones de acciones y se pelean por aquel escurridizo dollar sobre el que empezar a amontonar dinero.  

Wall Street, la calle más famosa de la ciudad, debe su nombre al muro levantado en 1653 para defender Nueva Amsterdam de los indígenas americanos primero y de los pobladores probritánicos del norte después.  Cuando los ingleses derrotaron a los holandeses, el muro empezó a desmoronarse y fue derruido en 1699

No esperéis encontrar gran cosa por aquí fuera del horario de oficina, así que mejor acudir entre semana para conocer y descubrir Wall Street en plena efervescencia.

The Charging Bull y La niña sin miedo

Desde 1989, la entrada norte a Bowling Green está custodiada por los 3.200 quilos de The Charging Bull,  una enorme estatua de bronce de con la forma de un toro en actitud de embestir.  La escultura, que simboliza el mercado de valores cuando está en alza, se ha convertido en un símbolo y uno de los lugares más queridos y reconocibles del distrito financiero, aunque su montaje no ha estado exento de polémica.

Lo que empezó siendo una obra de arte callejera,  fue instalada de forma ilegal como una forma de Arte de Guerrilla».

Una mañana de diciembre de 1989, su creador, Arturo Di Modica, la depositó sin permiso frente al edificio de la Bolsa… ¿Cómo? Pues alquilando un camión y gastándose más de 350.000$ de su bolsillo en el proceso de creación e instalación.

La policía la consiguió retirar unas cuantas horas más tarde, pero para entonces el Toro de Wall Street ya había conseguido un cierto éxito entre los neoyorquinos, que no pararon de quejarse de su retirada hasta que consiguieron que, una semana más tarde,  volviera al Distrito Financiero, eso si, no frente a la Bolsa de Nueva York, sino custodiando simbólicamente la entrada al Distrito Financiero por Bowling Green. 

El Charging Bull permaneció tranquilo en su ubicación definitiva hasta que la víspera del Día Internacional de la Mujer 2017, despertó con una desafiante niña mirándolo de frente.

La niña, obra de la artista Kristen Visbal, fue la parte más llamativa de una eficaz maniobra publicitaria de uno de los fondos de inversión más potentes del mundo, que encargó a la escultora  una figura que llamara la atención sobre la escasez de mujeres en las altas esferas de las empresas financieras.

Y así fue como esa mañana, la ciudad despertó con la figura de bronze de una niña de cuerpo frágil, rostro agraciado, coleta al viento y brazos en jarra en actitud desafiante, mirando al Toro de Wall Street.

Como ya pasó con el Charging Bull, la niña, bautizada como «The Fearless Girl» o «La niña sin miedo»,  se ganó inmediatamente la simpatía de los neoyorquinos (con la excepción de Di Modica,  que exigió la retirada de la intrusa por distorsionar el sentido original de su obra, convertida de repente un en un símbolo machista).

Tras una compleja negociación, la niña podría permanecer en Bowling Green durante un año y medio, hasta que, finalmente, en noviembre del año siguiente, se ejecutó la orden de desahucio y fue reubicada de forma (¿definitiva?) frente al edificio de la Bolsa de Nueva York, en Broad St., donde, curiosamente,  apareció originalmente su escultura rival. 

– Fraunces Tavern  

En el 54 de Pearl St., Fraunces Tavern es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Una bonita casa de ladrillo construida en 1719 como residencia del comerciante  Etienne de Lancey, antepasado de una importante familia neoyorquina (la que dio su nombre a Delaney Street, en el Lower East Side).

Samuel Fraunces adquirió el edificio en 1762 y lo reformó para convertirlo en la taberna The Queen´s Head Tavern que, después de la independencia americana pasaría a llamarse Fraunces Tavern

El local tenía un cierto éxito entre la élite de la ciudad y allí se celebraron varios acontencimientos, como la comida que dio el Gobernador George Clinton para celebrar la evacuación británica de Nueva York en 1783 o   la fiesta de despedida que dedicó George Washington a sus oficiales.

En 1785, al declinar sus negocios, Fraunces vendió la taberna y se convirtió en el intendente  del presidente Washington.

El edificio, de estilo georgiano, fue adquirido por los Hijos de la Revolución, un organismo que reúne a los descendientes de aquellos que tomaron parte en la Guerra de la Independencia,  y restaurado en 1907.

El piso principal está ocupado por un restaurante. Una escalera de madera conduce al museo, situado en los dos pisos superiores, en los que exposiciones permanentes y temporales trazan la historia primitiva de Nueva York y de la Guerra de la Independencia. 

Aquellos a los que les guste disfrutar de una buena cerveza a un precio razonable, teniendo en cuenta el valor histórico del local, deben saber que la carta de cervezas es muy generosa.

– Stone Street  

Stone Street es una de las calles más, antiguas, bonitas y pintorescas de Nueva York. Según la sabiduría popular el nombre le viene porque fue la primera calle de la ciudad en ser pavimentada. En cualquier caso, se trata de una bonita y animada calle-oasis en en el que oficinistas y turistas (no muchos porque esta calle es un pequeño tesoro escondido entre moles de acero y cristal…) se toman un refrigerio después de un agotador día de trabajo o de paseo, según el caso.  

– South Street Seaport  

El Distrito de South Street Seaport es una de las grandes atracciones turísticas de Nueva York. Es el resultado de un proyecto de rehabilitación de esta histórica zona portuaria que transformó un barrio en decadencia en un complejo de calles peatonales, restaurantes, tiendas y boutiques animadas por una vitalidad que evoca los días en que este distrito representaba el corazón del puerto de Nueva York, a finales del X.XVIII y principios del s.XIX.

Señalando la entrada al South Street Seaport está instalado desde 1976 el Titanic Memorial Lighthouse, un faro  construido en 1913 en memoria de los náufragos del Titanic.

– Ferry a Staten Island  (cuando empieza a caer el sol…)

¡Coger el ferry a Staten Island es una de las mejores experiencias de Nueva York… ¡Y es gratis!! … Un paseo en el famoso barco naranja para descansar, pasar frente a la Estatua de la Libertad y hacer fotos del Skyline de Manhattan.

El ferry hay que tomarlo en la Whitehall Terminal, un muelle que hay junto a la estación de metro South Street. El enorme letrero del edificio no engaña a nadie. Una vez allí, lo único que tenéis que hacer es esperar a que llegue un ferry y subir. No hace falta billete.

Staten Island, más allá del ferry, no tendría más interés que el de una ciudad dormitorio cualquiera, si no fuera por los Empire Outlets, un nuevo centro comercial a dos minutos a pie de la terminal del ferry… 

… y con buenas vistas sobre el horizonte de Manhattan.  

Antes de su apertura, lo normal era coger el barco de ida y vuelta para disfrutar del paseo y las vistas. Con la apertura del centro comercial, el reclamo ya no son sólo las vistas. 

Intro de «Armas de Mujer»

RUTA POR EL DOWNTOWN. DÍA 2

– One World Trade Center  

El OWTC es uno de los imperdibles de Manhattan. Inaugurado en 2014 junto al lugar que ocupaban las malogradas Torres Gemelas. Como todo en esta zona 0, está cargado de un enorme simbolismo. Empezando por su altura : los 1776 pies que hacen referencia al año de la independencia de Estados Unidos. 

Es prácticamente una obligación subir al observatorio y emocionarse nada más salir del ascensor… Sin spoilers. 

Las vistas desde lo alto del observatorio son, sencillamente, espectaculares.

Hoy, el One World Trade Center nos recuerda que Nueva York resurge con éxito de sus cenizas y seguro que llegará el día en el que la zona estará despejada de grúas y podamos apreciar y disfrutar de su asombrosa transformación. 

 EL DIA QUE CAMBIÓ EL MUNDO…

Cuando el 4 de abril de 1973 se inauguró oficialmente el complejo del World Trade Center, Nueva York pudo presumir de un nuevo récord mundial, con sus Torres Gemelas de 412 metros de altura y 110 plantas que se disparaban verticalmente hacia el cielo, se alzaban por encima de todo el complejo, dándole una imagen muy reconocible al horizonte del Lower Manhattan. 

Las impersonales torres no hubieran ganado precisamente un concurso de estética, pero rápidamente se constituyeron como un símbolo, otro más, de la ciudad de Nueva York, desde el que se disfrutaba de unas vistas incomparables, tanto  desde el restaurante Windows of the World, en la planta 107, como desde el mirador.

Durante sus treinta años de existencia, se convirtieron en un pulmón financiero: albergaron las oficinas de más de 500 empresas dando cobertura a más de 50.000 trabajadores.Además, recibían cada mes unos 200.000 visitantes que se apretujaban en el observatorio o en el restaurante Windows of the World, para admirar una vista única de la ciudad.

Junto con las miles de vidas perdidas en los atentados, desapareció del horizonte neoyorquino su principal referencia, la guinda de un Skyline de cine y el orgullo de toda una nación.

Nada volvería a ser igual después del 11 de septiembre de 2001. Durante las tres horas más dramáticas de la história moderna, el bajo Manhattan se convirtió en el epicentro de la tierra. El mundo entero pudo asistir en directo cómo se tambaleaba la nación hegemónica del planeta al tiempo que se derruían con estrépito (precipitaban) las mismísimas Torres Gemelas de Nueva York.

Alrededor de las 9 de la mañana, la embestida del primer Boeing contra la torre norte cogió por sorpresa a todo el mundo. La llegada del segundo avión comercial fue seguida por todas las televisiones del mundo, que aún no sabían si estaban dando cobertura a un colosal accidente o a una acción terrorista. 

Al caer la noche, más de 2.800 personas habían perdido la vida y la fisonomía de Nueva York se había mutilado para siempre. 

A los pies de las Torres Gemelas. Desde aquí, uno no deja de preguntarse como pudo un tal Philippe Petit, pasearse entre las dos torres sobre una cuerda floja.

Desde su altivez de acero y hormigón, las Torres Gemelas empequeñecían a los otros rascacielos de Manhattan. 

– Memorial y Museo 9/11  

Los americanos para este tipo de cosas son únicos: el mismo lugar donde antes se levantaban las Torres Gemelas hoy acoge el 9/11 Memorial, en recuerdo de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001… y también a los que perecieron en el atentado al World Trade Center de 1993.

Un lugar muy triste y cargado de simbología…

El epicentro del memorial, por ejemplo, lo forman dos hermosas fuentes que ocupan exactamente el mismo espacio que alojaba a las Torres y que representan el vacío dejado por los enormes edificios. En ellas se pueden leer grabados en bronce, los nombres de las todas las personas que murieron en los atentados.  

Otro escenario emblemático es el lugar que ocupa el árbol que sobrevivió a la caída de las Torres, lo último que salió con vida, un mes después de los ataques : un tronco sin hojas que alguien pensó que podría estar vivo. 

En efecto, descubrieron que el árbol, un peral de flor o peral de Callery,  estaba con vida y se lo llevaron a un vivero del Bronx donde lo cuidaron hasta resucitarlo.  

Cada primavera este árbol descubre unas hermosas flores blancas como gran  símbolo sobre la esperanza y la capacidad de recuperación de Nueva York.

El Memorial está abierto al público de forma gratuíta desde el 11 de septiembre de 2011 para todo aquel que quiera rendir homenaje a las víctimas.

Para los que queráis profundizar sobre lo que pasó aquel día, podéis visitar el museo 9/11. Para entrar es necesario pagar una entrada o presentar un pase de atracciones.

CityPASS Nueva York, seis atracciones principales , que incluye

  • Entrada prepagada al Empire State Building
  • Entrada prepagada al Museo de Historia Natural
  • Entrada prepagada al Museo Metropolitano de Arte (Met)
  • Opción 1: a elegir entre mirador Top of the Rock® o Museo Guggenheim
  • Opción 2: a elegir entre Ferri a la Estatua de la Libertad y Ellis Island o Cruceros turísticos de Circle Line
  • Opción 3: a elegir entre Museo y Memorial del 11-S o Museo Intrepid del Mar, el Aire y el Espacio.

Tarjeta turística New York Explorer Pass y guía turística

Permite el acceso a las atracciones y recorridos que elijas, entre más de 50 atracciones.  con el New York Explorer Pass. Puedes elegir visitar entre 3, 4, 5, 7 o 10 lugares diferentes. ¿Quieres subir al Empire State o visitar el Museo de Arte Moderno (MoMA)? Solo tienes que ir allí y enseñar tu pase. Es fácil y cómod. El New York Explorer Pass es una manera fácil y cómoda de ahorrar dinero y de ver lo mejor de la Gran Manzana.

Guías Turísticas de Nueva York

– Liberty Park  

Inaugurado en junio de 2016, El liberty Park es un pequeño jardín público elevado donde descansar junto a un pequeño oasis de plantas, árboles y bancos  mientras se disfruta de las vistas sobre el Memorial y el Museo sobre el 11-S. 

Desde agosto de 2017 acoge la icónica escultura The Sphere, rescatada entre los escombros de las dos torres gemelas que, literalmente, le cayeron encima, y  la iglesia griega ortodoxa de  St. Nicholas, reconstruida tras desaparecer durante los atentados. 

 THE  KOENING SPHERE

La Esfera es una escultura de bronce creada por el artista alemán Fritz Koening. Originalmente, estaba situada a los pies de las Torres Gemelas del World Trade Center como una fuente ornamental y, más adelante, como un lugar reconocible para que los neoyorquinos y visitantes se reunieran. 

Tras los atentados del 11-S fue recuperada intacta bajo los escombros de las enormes torres. Eso sí, con algunas magulladuras.  

La escultura, la única obra icónica que sobrevivió a los ataques, fue trasladada tal cual a Battery Park de forma temporal, convirtiéndose al mismo tiempo en una alegoría sobre supervivencia, esperanza y  resistencia, un símbolo- homenaje a las víctimas del atentado y, además, una importante atracción turística.

Finalmente, en septiembre de 2017, la Autoridad Porturaria propietaria de la escultura, consideró trasladar la escultura al recién  inaugurado Liberty Park, junto al World Trade Center Memorial. 

Al igual que Estados Unidos después del fatídico ataque, la Esfera emergió “muy magullada, muy rota, pero no derrotada”. (Christiane Fischer, de AXA Art Amercias Corporation, como parte del discurso de reinauguración de la escultura en su nueva localización el Liberty Park.

The Sphere en Battery park, donde permaneció hasta 2017, cuando fue ubicada definitivamente en el  Liberty Park

The Sphere , en su ubicación original antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001

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