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La verdadera historia del escuadrón suicida de Chernóbil.

Entre los que conocen en líneas generales lo que pasó en Chernóbil, muchos ignoran la historia que evitó una catástrofe aún mayor. La de los 3 héroes anónimos que, seis días después de la explosión, sacrificaron sus vidas sumergiéndose en las aguas radioactivas de las entrañas del reactor accidentado para vaciar las piscinas situadas bajo el núcleo incandescente y salvar la vida de 50 millones de personas.
El escuadrón suicida de Chernóbil
27 Dic, 2021
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EL ESCUADRÓN SUICIDA DE CHERNÓBIL, ¿QUÉ HAY DE REALIDAD?

Entre las miles de historias heroicas y trascendentales  que se fueron sucediendo tras el accidente de la central nuclear de Chernóbil, la de Alexei Ananenko, Boris Baranov y Valeriy Bezpalov es, indudablemente, una de las más extraordinarias. Una epopeya que no pasó por alto la memorable serie de HBO.

Y es que pocas hazañas fusionan realidad y leyenda con tanta naturalidad como la de los tres hombres que se sumergieron en las entrañas del ruinoso reactor para vaciar las piscinas situadas bajo el núcleo incandescente y salvar la vida a 50 millones de personas.

Tres personas a los que se denominaría el escuadrón suicida de Chernóbil, tres superhéroes de carne y hueso a los que Europa debe nada menos que su futuro.

Central nuclear de Chernóbil

En los liquidadores de Chernóbil, ya hemos visto cómo los equipos de liquidadores trataron de apagar el fuego procedente del reactor a la vez que intentaron sellar con materiales pesados el núcleo del mismo. Durante esa tarea de bloqueo, los ingenieros encargados de la gestión del siniestro, detectaron un problema. Y no era menor.

Por un lado, descubrieron que el subsuelo sobre el que reposaban las piscinas había quedado totalmente inundado tanto por el agua de las tuberías internas del reactor, que reventaron tras la explosión, como por el agua vertida por los bomberos. Por otro, sabían que en el reactor, justo unos metros por encima de estas piscinas, había diversos materiales radiactivos fundiéndose a más de 1.660°C, cuya combinación daba como resultado un material conocido como Corio, extraordinariamente radiactivo y con propiedades similares a la lava.

A estas alturas del siniestro, el bloque de cemento que había por debajo de esta masa incandescente corría el riesgo de resquebrajarse y filtrar la lava hacia las aguas estancadas en el subsuelo. Básicamente, el peso del magma provocaría que la estructura del reactor cediera, empujando la lava radioactiva hacia las cámaras subterráneas, ahora inundadas.

Y en el edificio había cantidad suficiente de ambos materiales como para volar toda la planta de Chernóbil

Es decir, en ese punto, si el magma entraba en contacto con el agua se desencadenaría una reacción en cadena que podría causar una segunda explosión de vapor mucho más devastadora que la primera. Una explosión que acabaría con la central y los otros tres reactores. Capaz de expandir la contaminación radioactiva irremediablemente por todo el continente europeo y de cobrarse miles de vidas en cuestión de horas.

Si esto hubiera ocurrido, la zona de exclusión hoy no ocuparía un radio de 30 km, sino todo el continente. Los cálculos más dramáticos estiman que hubiera acabado con la vida de 50 millones de personas y que Europa entera hubiera quedado inhabitable para siempre.

Eso según los cálculos más pesimistas. Estudios recientes DESMIENTEN QUE EUROPA ENTERA QUEDARA DESOLADA, pero no dudan de la explosión hubiera sido mucho mayor que la que ya se produjo.

La cuestión es que el riesgo estaba ahí, y que sus consecuencias eran imprevisibles, así que, tras evaluar la situación, era necesario vaciar las piscinas subterráneas.

Y era una tarea suicida.

La función de las piscinas de seguridad, o piscinas de burbujas, situadas en los dos niveles inmediatamente por debajo del reactor, era contener agua por si fuera necesario refrigerar el reactor y evacuar el vapor procedente del mismo en caso de emergencia. 

LA VERDAD SOBRE EL ESCUADRÓN SUICIDA DE CHERNÓBIL

En condiciones normales no era una tarea complicada. Las esclusas se abrían con una sencilla orden al ordenador que gestionaba la central, pero con los sistemas de control destruidos, eso era imposible.

Así pues, la única manera de hacerlo era manualmente. El problema era que el sótano estaba inundado y las válvulas  dentro de la piscina, bajo el agua, cerca de un fondo lleno de escombros altamente radioactivos. Con este panorama, había que encontrar a tres voluntarios que entraran en los cimientos inundados del reactor, se adentraran en un oscuro pasillo lleno tuberías, válvulas y agua hasta las rodillas, localizaran la válvula que abriera las compuertas que dejaban pasar el agua acumulada y salvaran a Europa de poco menos que el apocalipsis. Y todo ello con un descomunal monstruo radioactivo sobre sus cabezas.

En Chernobyl, la exquisita serie de HBO, tres operarios de la central, Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se ofrecen voluntarios para ejecutar esa misión. Tal como muestra la dramática secuencia, los tres conocían perfectamente las consecuencias de ese trabajo. Aún así se resignaron una muerte segura. Y lo harían por el bien de millones de personas.

La historia que nos cuenta HBO, si bien es cierta, tiene sus matices. El relato contiene elementos de realidad y de algunas licencias cinematográficas. ¿Fueron voluntarios realmente? ¿fue un acto a ciegas?

Lo más probable es que fueran voluntarios. La gran mayoría de liquidadores eran conscientes de a lo que se enfrentaban al tener que lidiar con los efectos de la catástrofe, pero lo hicieron porque era su trabajo. Y lo cierto es que cuando se introdujeron en las cámaras lo hicieron con cierta cantidad de información. No fue un acto al azar.  

Gran parte de la leyenda que rodearía la historia del escuadrón suicida de Chernóbil vendría de la predisposición de los tres operarios para realizar la faena ¿Eran voluntarios? ¿Realmente sabían que iban a morir?

Según se relata en Chernobyl (HBO)., los tres se debían enfrentar a dosis absolutamente incompatibles con la vida humana. Una radioactividad tan agresiva y extraordinaria que su vida, con toda probabilidad, terminaría allí mismo.  Aún así, a sabiendas de una muerte casi segura se presentarían voluntarios. 

Andrew Leatherbarrow, el autor de Chernóbil 01:23:40 apunta a una versión no tan exagerada de los acontecimientos dramatizados en la serie, aunque no menos heroica… 

El escuadrón de la muerte de Chernóbil

El escuadrón suicida de Chernóbil caminando con equipamiento de submarinista por las profundidades del reactor. Con el agua hasta la cintura, y a oscuras, debían encontrar las válvulas de las compuertas y abrirlas. ( … así se recrea en HBO ).

Andrew Leatherbarrow, pasó más de cinco años investigando antes de escribier:  “1:23:40: La increíble y verdadera historia de la catástrofe nuclear de Chernóbil”,  Aquí ofrece una versión más aproximada de lo que pasó realmente. Sobre el escuadrón suicida de Chernóbil matiza un poco la versión más popular e idealizada de los hechos:  “La entrada al sótano, aunque peligrosa, no fue tan dramática como lo harían creer los mitos modernos” (…) “Quedaba algo de agua después de la misión de drenaje de los bomberos, hasta la altura de las rodillas en la mayoría de las áreas, pero la ruta era transitable”.

La realidad, según Leatherbarrow, es que Ananenko, Bezpalov y Baranov no fueron las únicas personas que se introdujeron en los compartimentos inundados. Tanto los equipos de bomberos como otros técnicos de la central habían trabajado durante los días previos para preparar la misión. Un equipo de bomberos intentó drenar el máximo de agua posible, logrando reducir la inundación a la altura de las rodillas. Otro equipo de técnicos había entrado para tomar mediciones de radiación y valorar si un ser humano sería capaz de entrar en el lugar para llevar a cabo la operación con éxito. 

Además, Ananenko y Bezpalov habían colaborado en la construcción e instalación del sistema de seguridad. Conocían su infraestructura, las canalizaciones principales y el punto exacto donde se encontraban las válvulas que abrían las compuertas que dejaban salir el agua. 

Baranov era la persona encargada de llevar la linterna para alumbrar a Ananenko y Bezpalov durante el camino.

Básicamente entraron ellos porque estaban cualificados. Allí desarrollaban su trabajo diario, por tanto,  conocían muy bien la planta y sabían cómo llegar hasta las válvulas que abrían las exclusas que vaciaban el agua acumulada.

Una de las cosas que Alexei Ananenko, contó en una entrevista fue que La información sobre la situación radioactiva en el corredor 001 (el que emplearían para acceder a las cámaras inundadas) me era conocida (…) Cuando entré en mi turno de trabajo, mi compañero me explicó que la última medición de radiactividad había sido tomada directamente desde el nivel del agua del corredor. Por supuesto, me es imposible recordar cuál fue el resultado de la medición, pero recuerdo mi sensación en aquel momento. Los números no parecían algo extraordinario. La situación radioactiva era la habitual para las centrales nucleares en mayo de 1986″.

Ananenko admite un lapsus de memoria tras haber aclarado sus borrosos recuerdos después de consultar con su colega Bespalov sobre lo que pasó durante el recorrido por las profundidades de Chernóbil:  a mitad de camino, se dieron cuenta de que no habían abierto todo el espectro de medición que tenía el dosímetro. Al activar el rango absoluto del medidor vieron que la radiación era extraordinariamente alta. Entonces se asustaron y se echaron a correr.  

LA MISIÓN ACABÓ DE LA MEJOR FORMA POSIBLE…

Sea como fuere, la misión acabó bien… Los tres hombres alcanzaron finalmente a las válvulas y las abrieron. 

Muchas de las historias que se contarían con el tiempo les daría por muertos, ya sea dentro del mismo pasillo o una vez fuera de la central. El desenlace que más fascina a la audiencia: el trágico destino de unos héroes sacrificados por una causa justa.

¿Y QUÉ ES LO QUE OCURRIÓ CON ELLOS?

La verdad es que, milagrosamente, ninguno de ellos murió. Recibieron unas dosis elevadísimas de radiación, incluso llegaron a notar el característico sabor metálico de la radiación en la boca, pero lo cierto es que no solamente no murieron a los pocos días, sino que los tres sobrevivieron.

Nada más finalizar la misión,  los llevaron al hospital para descontaminarlos y allí permanecieron durante un tiempo.

Ananenko, tal como salió del hospital volvió a Chernóbil como liquidador. Aquel era su lugar.

A día de hoy (2022) Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov  siguen vivos y viven en Ucrania. Boris Baranov murió en 2005 por culpa de un infarto.   

Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov fueron héroes. Pusieron en riesgo sus vidas para salvar a quién sabe cuántos millones de personas en el que habría sido uno de los mayores desastres de la historia de la humanidad. Los tres hicieron algo extraordinario en un lugar donde el heroísmo era una cosa corriente. Completaron su trabajo, sobrevivieron a una radiación que debería haberles matado y salvaron a buena parte de Europa de un desastre todavía mayor que el que ya se vivió.

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