Inmigrantes en la isla de Ellis

CARRETERAS INFINITAS

La isla de Ellis

Probablemente hubo tantas razones para venir a Estados Unidos como personas que vinieron. Con estas palabras, John F. Kennedy aludía a las múltiples circunstancias personales y familiares que alimentaron uno de los mayores flujos migratorios de la historia moderna: persecución religiosa, lucha política, desempleo, conexiones familiares o, simplemente, el atractivo de la aventura, … fueron sólo algunas de esas motivaciones. Ellis Island fue la más conocida y relevante puerta de entrada a EE.UU. El lugar en unos 12 millones de inmigrantes, entre 1892 y 1924, dieron sus primeros pasos para convertirse en estadounidenses y descubrir la promesa del Nuevo Mundo. Hoy, la isla de la esperanza es un monumento a todos los que han convertido a esta nación en su hogar de adopción.
8 Abr, 2022
w

Enlaces de afiliación de Carreteras Infinitas

Los enlaces de afiliación que encontrarás aquí son las herramientas que nosotros utilizamos para preparar los viajes. Si reservas o compras algo a través de nuestros enlaces, podemos ganar una pequeña comisión sin coste adicional para ti. A nosotros nos ayudará a mantener la web actualizada.

CON CANCELACIÓN GRATUITA Y SIN PAGO POR ADELANTADO

Reserva tu alojamiento con Booking.com

CON COBERTURA COVID-19

5% de descuento en tu seguro de viaje con MONDO

TOURS, ENTRADAS, TRASLADOS…

CIVITATIS: Excursiones y actividades en Nueva York

Home 9 NUEVA YORK 9 La isla de Ellis

LA ISLA DE ELLIS : HISTORIA Y VISITAS

La isla de Ellis

A partir de 1892, el papel de “puerta dorada” de Estados Unidos fue asumido por la Isla de Ellis.

Por toda Europa corrían las noticias sobre las oportunidades que ofrecía el Nuevo Mundo. Y en una época en la que el país, efectivamente, empezaba a experimentar los primeros éxitos de la revolución industrial y a revelarse como una potencia mundial, sus enormes instalaciones se convirtieron en el principal centro de inmigración de Nueva York y la mayor puerta de entrada a Estados Unidos.

Cuando, cinco años después, el edificio original de madera se quemó (y con él muchos registros de inmigración) , se construyó uno nuevo que abrió sus puertas el 17 de diciembre de 1900. Ese día, el nuevo y flamante complejo acogió a los primeros 2.251 recién llegados.

La isla de Ellis

La Isla de Ellis debe su nombre a Samuel Ellis, propietario de la misma hasta que en 1890 la vendió al Gobierno, que la convirtió en un fuerte para la defensa durante la guerra anglo-estadounidense de 1812.

Sombras sobre la puerta dorada que acontecen la pesadilla de los “desfallecidos y los pobres”.

Para la gran mayoría de inmigrantes, Ellis Island fue el último trámite en su camino hacia una nueva vida en un Nuevo Mundo lleno de oportunidades, pero para otros no fue más que una pesadilla.

Un año antes de su inauguración, se había publicado una nueva ley de inmigración, que definía de forma inequívoca a los que no eran bienvenidos, como por ejemplo personas con enfermedades contagiosas, sin recursos, disminuidos psíquicos, prostitutas, criminales e individuos de moral reprochable o políticamente incorrectos. La ley iba, precisamente, contra los “desfallecidos y los pobres”.

Y es que en la isla de las lágrimas, eran exclusivamente los pasajeros de clase baja quienes debían someterse a los exámenes médicos o a los incómodos interrogatorios. Y quien no superaba la criba era devuelto a su país de origen en el siguiente barco.

Solamente un 2% de los 16 millones de inmigrantes que pasaron por Ellis Island entre 1892 y 1924 fue rechazado. Y aunque “sólo” fue un 2%, lo cierto es que esa cifra esconde el desdichado destino de más de 300.000 personas, muchas de los cuales saltaron del barco intentando llegar a nado hasta Manhattan o, simplemente, se suicidaron. Cualquier cosa antes que volver a sus países.

Por aquel entonces, la ley obligaba a las navieras a retornar a los rechazados, así que, estas descartaban, ya en el país de origen, a aquellos que podían suponer un riesgo económico. Quien no tenía más dinero que el necesario para pagarse el pasaje o no estaba en buenas condiciones de salud ya no podía embarcar en Europa.

Los tiempos en que las “masas apiñadas” huían en los barcos ya eran historia.

Ellis Island. Edificio de inmigración

The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Photography Collection, The New York Public Library. (1902 – 1913). A view of the front facade, Immigration Station, Ellis Island. Retrieved from https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47da-d827-a3d9-e040-e00a18064a99.

 

Inmigrantes en Ellis Island

The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Picture Collection, The New York Public Library. (1908). Immigrants at Ellis Island, N.Y Retrieved from https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47e0-cd4f-a3d9-e040-e00a18064a99.

La isla de las lágrimas

Para los pasajeros de primera y segunda clase, la travesía de dos semanas por el atlántico finalizaba en los muelles del Hudson, ya que eran procesados en el mismo barco. La justificación era que si una persona podía permitirse un billete de primera o de segunda era poco probable que se convirtiera en una carga para el país. Así que tan pronto como eran despachados a bordo ya podían irse.

En cambio, a las 2.000 personas de tercera clase les esperaba un transbordador para llevarlos a la isla de Ellis. Y si las instalaciones estaban muy concurridas todavía debían resistir un día más en la estrecha y pestilente entrecubierta antes de lograr una plaza en alguno de los ferris que llevaban hasta la isla.  

Cuando, por fin llegaban, las escenas se tornaban dramáticamente confusas: la mayoría de familias llegaba hambrienta, sucia, escasos dinero y sin apenas hablar inglés.

Mientras circulaban, las multitudes eran observadas discretamente por médicos que intentaban detectar problemas evidentes de salud que justificaran un examen médico más exhaustivo que el rutinario. Mientras tanto, eran etiquetadas y colocadas en fila para ser conducidas, hombres por un lado, y mujeres y niños por otro, por la gran sala de registro hacia un gabinete de inspección sanitaria, donde se llevaba a cabo un escrupuloso examen médico.

Los que no lo superaban eran marcados con una cruz blanca en tiza sobre la espalda de la persona en cuestión y eran conducidos hasta la segunda planta, donde los médicos los examinaban a fondo en busca de enfermedades contagiosas o mentales.  Si se daba el caso, eran devueltos al barco.

Los “aptos” pasaban al programa de rutina, en el que los inspectores interrogaban a cada individuo sobre el lugar de origen, contratos u ocupación, documentación, cantidad de dinero que llevaban, cartas de presentación… A  los “dudosos” se les examinaba meticulosamente y se les preguntaba sobre sus creencias y aptitudes morales.  Polígamos, indigentes, criminales y anarquistas eran devueltos a sus países de origen.

Las mujeres no lo tenían precisamente fácil. No podían abandonar la isla sin la protección de un hombre. Además, si el funcionario de turno desconfiaba de su dirección de destino podía denegarle la entrada al país. Peor lo tenían las mujeres solteras embarazadas, que no eran bienvenidas por ser inmorales.

La ley no impedía la arbitrariedad en la isla de Ellis. Si un niño enfermaba durante la travesía, en el mejor de los casos la familia entera era puesta en cuarentena y, en el peor, se repatriaba a la madre y al hijo, mientras el padre se quedaba en el país. Y podía pasar mucho tiempo hasta que pudieran reunir suficiente dinero para pagarse un nuevo pasaje.

Particularmente caprichosos eran los criterios en cuanto a cuestiones políticas o morales. Un socialista incondicional, por ejemplo, podía ser acusado de agitador violento y ser declarado persona non grata

El proceso también incluía un cambio de nombre si el auténtico era difícil de pronunciar.

Si finalmente había ido todo bien, los inmigrantes eran conducidos a Nueva Jersey, a trenes que iban en dirección al oeste del país, o a Nueva York, para que se instalaran en cualquiera de los barrios étnicos en desarrollo.

Grupo de inmigrantes esperando en Ellis Island

The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Photography Collection, The New York Public Library. (1908). Group waiting at Ellis Island Retrieved from https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47d9-a960-a3d9-e040-e00a18064a99.

 

Familia con 8 hijos en Ellis Island

The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Photography Collection, The New York Public Library. A family of seven sons and one daughter, Ellis Island, New York Retrieved from https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47d9-a964-a3d9-e040-e00a18064a99.

Entre los inmigrantes que pasaron por Ellis Island  estaban el húngaro Erik Weisz (Harry Houdini), el italiano Rodolfo Guglielmi (Rodolfo Valentino) y el británico Archibald Alexander Leach (Cary Grant).

La puerta dorada se cierra

eA partir de 1921, la isla de Ellis fue perdiendo protagonismo. Las nuevas leyes sobre inmigración, mucho más conservadoras, pusieron fin a la era de las grandes inmigraciones. La puerta dorada se cerraba para los “menos deseados”, como muchos judíos orientales y católicos del sur de Europa. De hecho, tras la Primera Guerra Mundial y durante la “paranoia roja”, el edificio se habilitó como centro de internamiento para inmigrantes peligrosos para EE.UU.

Y mientras una puerta se cerraba, otra se abría para los ciudadanos de la Europa Central y del norte. Norteamérica podría seguir siendo lo que era: blanca, anglosajona y protestante. La estatua de la Libertad seguiría enarbolando su antorcha pero ya no volvería a ser testigo de las dramáticas escenas que se produjeron en Ellis Island.

Desde 1924 se decide en el país de origen de los inmigrantes quién es apto para atravesar la puerta dorada.

Ellis Island cerró definitivamente sus puertas en 1954 debido a los cambios en las leyes de inmigración y a los elevados costes de mantenimiento de las instalaciones.

Un dato:  se calcula que más de un tercio de los estadounidenses tienen al menos un antepasado que pasó por aquí.

Museo de la inmigración en la isla de Ellis

Museo de Ellis Island

Sala de Registro en el Museo de Ellis Island

 

El complejo permaneció en ruinas hasta mediados de los 80, cuando el edificio central inició una millonaria restauración y se acondicionó para volver a abrir sus puertas en 1990 como el flamante Ellis Island Museum of Inmigration. Cualquiera que se aventure en ferry hasta la isla se puede hacer una idea bastante ilustrativa de la experiencia de aquellos recién llegados, gracias a las elocuentes exposiciones interactivas, films y documentos que recuerdan que Estados Unidos es una nación de inmigrantes.  

Hoy, la masificación es de otro tipo. Y es que Ellis Island es visitada por miles de turistas cada día. El museo en sí está bien hecho y es muy poco comercial teniendo en cuenta lo fácil que hubiera sido tocar la fibra sensible y convertir a este lugar en una trampa para turistas.

Más de 100 millones de americanos pueden remontar sus raíces hasta la isla de Ellis. Especialmente para ellos, el museo es conmovedor.

Exposiciones

¿Quieres compartir tus pensamientos, sugerencias o consejos conmigo y con otros lectores? ¿Tienes preguntas sobre tu viaje? En Carreteras Infinitas valoramos mucho tu opinión, así que para cualquier cosa, dirígete a la sección de comentarios…

No te pierdas estas publicaciones…

Entradas relacionadas

LOWER EAST SIDE
LOWER EAST SIDE

Este barrio, ahora lustroso y brillante, ocupa el mismo terreno que antes ocupaban hacinadas casas de vecinos y, más adelante drogadictos atraídos por las rentas baratas y los parques sin vigilancia.

No es uno de los más visitados por los turistas y no siempre ha tenido buena reputación, pero el Lower East Side desprende historia por los cuatro costados y, además, sus calles esconden rincones muy auténticos…

leer más
EL EAST VILLAGE
EL EAST VILLAGE

Aparentemente, el East Village resulta bastante diferente a su homólogo occidental, el Greenwich Village. De pasado radical e inconformista, sus calles han alojado a artistas, músicos, escritores, activistas políticos  o drogadictos desde la década de 1950. En la...

leer más