CARRETERAS INFINITAS

¿Qué pasó en Chernóbil?

En la madrugada del 26 de abril de 1986, una serie de explosiones destruyeron el reactor y el edificio del cuarto bloque energético de la Central Nuclear de Chernóbil, a sólo 120 km de la capital de Ucrania, Kiev, y cerca de la frontera bielorusa.  Durante días, una enorme cantidad de material radioactivo fue expulsado de la central, afectando a todas las formas de vida en un radio de 500 km alrededor de la planta.
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2 Dic, 2021
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¿Qué pasó en Chernóbil?

Seguramente todos conocemos Chernóbil como el peor accidente nuclear de la historia hasta el momento. Pero sólo sabemos eso, que fue una fatalidad. 35 años después, Chernobyl, la excepcional miniserie de HBO, ha vuelto a traer a la actualidad el accidente que en 1986 conmovió al mundo y, para muchos, entre los que me incluyo, ha sido una auténtica revelación  que ha generado una curiosidad hipnótica sobre todo lo que tiene que ver con la explosión y sus consecuencias.

Con rigurosidad pero sin ninguna pretensión docente, lo que viene a continuación es un relato básico sobre lo que pasó realmente en Chernóbil.

Central nuclear de Chernóbil

Vista aérea de la central nuclear de Chernóbil en una imagen tomada dos o tres días después del accidente. 

Para empezar, hay que decir que la energía nuclear es una ciencia que escapa a la mayoría del conocimiento de las personas. Es muy difícil de comprender y lo que ocurrió aquella madrugada de abril sigue siendo, en parte, una incógnita debido al hermetismo soviético y a que la mayoría de documentos se destruyeron o se perdieron tras la caída del Muro de Berlín. 

Básicamente, lo que ocurrió aquella maldita noche del mes de abril en Chernóbil es que se hizo una prueba de seguridad que, además de no tener mucho sentido, se ejecutó de la peor forma posible, en un modelo de reactor nuclear con graves defectos de diseño.  Por decirlo de alguna manera, todo lo que pudo salir mal, salió mal.

Para entenderlo todo, lo mejor es empezar por el principio…

Cómo funciona una central nuclear?

Enrico Fermi descubrió la FISIÓN NUCLEAR nuclear cuando consiguió dividir el átomo del Uranio.

Cuando se lanza un neutrón contra un átomo de Uranio, este de divide en más neutrones que, a su vez, dividen más átomos, generando la aparición de más neutrones… Este proceso multiplicador es lo que se llama REACCIÓN EN CADENA.

Esta desintegración atómica libera energía

Desintegrando billones de átomos mediante la Reacción en Cadena pueden producirse cantidades astronómicas de energía, lo que, si no se frena, puede provocar una explosión (este el principio de funcionamiento de una bomba atómica). 

Central nuclear de Chernóbil

El núcleo que captura el neutrón incidente se vuelve inestable y, como consecuencia, se produce su escisión en fragmentos más ligeros, dando lugar a una situación de mayor estabilidad. 

Ahora bien, en una central nuclear, este proceso se utiliza de forma controlada para producir energía térmica, que a su vez se utiliza para producir electricidad.  Y para que este ciclo esté controlado y sea eficiente es necesaria la utilización de otros elementos para reducir la reacción en cadena, como unas varillas de control, fabricadas a base de componentes capaces de absorber los neutrones, y agua para enfriar todo el sistema. 

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CÓMO FUNCIONA UN REACTOR RBMK-1000 COMO EL DE CHERNÓBIL

Cuando los átomos del combustible nuclear se dividen y colisionan aumenta la reactividad. Eso se compensa con las barras de control y el agua, que la reducen. El agua se transforma en vapor, cuya fuerza mueve las turbinas necesarias para la generación de la energía eléctrica. El vapor aumenta la reactividad, por lo que hay que aumentar la temperatura del combustible para reducirla. 

Los operadores del reactor básicamente tienen que mantener este equilibrio.

La central nuclear de Chernóbil

Central Nuclear de Chernóbil

“La Central Nuclear de Chernóbil” recibió el nombre oficial de CENTRAL NUCLEAR VLADIMIR ILICH LENIN y fue construida en el margen derecho del río Prípiat, a 15 km de la ciudad de Chernóbil.

En el momento de la catástrofe, el complejo nuclear disponía de cuatro reactores activos y suministraba el 10% de la electricidad de toda Ucrania. En ese momento, era una infraestructura moderna, potente y bastante segura para los estándares de la Unión Soviética. 

El número 4, recién inaugurado, era el orgullo de la ingeniería nuclear soviética y convertía a Chernóbil en la central nuclear más potente de toda Europa. 

Dos reactores más, el 5º y el 6º, estaban en construcción y después del accidente se detuvieron las obras. Más adelante se tomó la decisión de no completarlos.

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el reactor número 4

El corazón del reactor número 4 de la Central Nuclear de Chernóbil,  un modelo MBMK-1000, es un cilindro octogonal de 14 metros de diámetro y 7 de anchura, con una tapa de 1200 toneladas de robusta cerámica. En su interior se encuentran 211 barras de grafito, por las que fluye el combustible nuclear. Estas barras son el motor de arranque, el acelerador y el freno del proceso de fisión nuclear. Si se suben las barras, la potencia aumenta. Si se bajan, el proceso se detiene.  

Aquella noche había 200 toneladas de dióxido de uranio, cuyos átomos chocan entre sí liberando una colosal fuerza energética a modo de pequeñas explosiones que se convierten en calor que, a la vez, se transforma en electricidad.

La prueba 

Esa noche iba a tener lugar una prueba de seguridad básica. Una prueba que llevaba posponiéndose 3 años.

Consistía en simular un fallo en el suministro eléctrico para comprobar si el reactor era autosuficiente, es decir, si era capaz de generar su propia energía y seguir funcionando en caso de un fallo total en el suministro de energía. Se trataba de comprobar si al bajar el rendimiento del reactor y eliminar el suministro eléctrico, la inercia de las turbinas era suficiente como para mantener la actividad hasta que se activara el generador de emergencia.

El ensayo había fracasado varias veces y el entonces director de la planta nuclear de Chernóbil, Viktor Bryukhanov estaba ansioso por completarlo, cosa que, de alguna forma, podría justificar el esfuerzo casi obsesivo de Anatoli Diátlov, responsable de la prueba, por llevarla a cabo. 

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tres años antes...

Tres años antes de la tragedia, los mandos del partido comunista presionaron a Bryukhanov, para que el reactor 4 entrara en funcionamiento lo antes posible. No se negó (si lo hubiera hecho, miles de trabajadores hubieran perdido unas bonificaciones que triplicaban el salario mensual que percibían) pero, bajo la promesa de que se completarían más adelante, inauguró la planta SIN HABER COMPLETADO TODAS LAS PRUEBAS DE SEGURIDAD NECESARIAS. 

Por muy insensato que pueda parecer, esa era una práctica habitual en el régimen soviético, ya que terminar un trabajo antes de lo programado era recompensado generosamente a todos los implicados.

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en 1986...

BRYUKHANOV asistió al Congreso del Partido Comunista, donde el Presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, pidió que se duplicara la producción de energía nuclear. Él es un hombre de partido y quiere causar buena impresión a sus jefes. Eso sí, no puede permitirse tener accidentes, por lo que tiene que efectuar la prueba de seguridad que no se hizo en su momento. NIKOLAI FOMIN, ingeniero jefe y único ingeniero nuclear en Chernóbil, también recomienda llevarla a cabo. 

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EL 25 DE ABRIL DE 1986...

Mientras se preparaban las condiciones para llevar a cabo esta prueba de seguridad surgió un imprevisto.

El controlador del suministro eléctrico de la cercana ciudad e Kiev llamó al teléfono de FOMÍN exigiendo que se retrasara la prueba hasta que hubiera pasado el momento de máximo consumo eléctrico de esa tarde/noche. En principio, eso significaba posponer una vez más el ensayo… pero, en lugar de eso, se decidió que fuera el turno de noche, mucho más reducido y menos preparado,  el encargado de realizarla.

26 de abril  de 1986, Sala de Control del reactor nº4

La tragedia ocurrió de madrugada.

Esa noche es Anatoli Diatlov, ingeniero jefe en funciones desde hace poco, quien dirige la central. Aleksandr Akimov está a cargo del turno nocturno y Leonid Toptunov, de 26 años, era el técnico principal, el encargado de manejar las barras de control. 

CRONOLOGÍA DEL DESASTRE DE CHERNÓBIL

A las 01:15, Toptunov hunde la mayoría de barras de grafito en el núcleo de la máquina hasta poner el reactor nº 4 al 20% de su potencia total, simulando así, de forma controlada, ese posible fallo en el suministro eléctrico. Empieza la prueba.

Todo transcurre según lo previsto hasta que a los 10 minutos, la potencia del núcleo del reactor, de por sí ya baja, comienza a descender hasta niveles demasiado bajos para seguir con el ensayo.

Toptunov tiene que elevar los niveles de energía lo antes posible, ya que está a punto de producirse un paro completo. En el manual de funcionamiento hay muchas instrucciones tachadas, así que no sabe qué hacer. Temeroso de complicar más las cosas llama por teléfono a otro técnico, que le recomienda seguir con las instrucciones tachadas porque en las modificaciones no hay ningún sello oficial. 

El ingeniero jefe, Anatoli Diatlov, acaba de ser ascendido y quiere causar una buena impresión a sus superiores, así que decide seguir adelante con la prueba según lo indicado. Akimov y Toptunov piensan que es demasiado peligroso y se oponen. Los niveles de energía son demasiado bajos y habría que cancelarla.

Diatlov está dispuesto a asumir todos los riesgos y ordena que se suban las barras de control, lo que significa incrementar la potencia del reactor. Toptunov eleva las suficientes barras como para aumentar la potencia del reactor, pero aún está al 7%, de su capacidad, muy por debajo del 20% necesario para que empiece la prueba definitiva. Necesitan subir más barras de control, pero para  ello hay que desactivar el mecanismo de detención automática, un sistema que evita que el reactor aumente a temperaturas de fusión y pueda explotar.

Toptunov insiste en que es muy peligroso. 

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En ese momento desconocen que en la tapa del reactor ha empezado a acumularse una peligrosa cantidad del isótopo Xenón-135.

Cuando el uranio se divide para liberar energía se convierte en un nuevo elemento, un subproducto del proceso de fisión nuclear que impide que fluya el combustible nuclear haciendo que baje todavía más la temperatura del reactor.

Cuando el núcleo funciona a plena potencia quema el Xenón antes de que pueda dar problemas. En Chernóbil, debido al retraso, el reactor llevaba funcionando a la mitad de potencia unas 10h, por lo que el Xenón se acumuló y envenenó el núcleo.

Deseoso de empezar con la misión que le han encomendado, es Diatlov el que, finalmente, desactiva el mecanismo de detención automática. Se retiran casi la mitad de las barras de control para compensar la potencia (a esas alturas, el envenenamiento por Xenón-135 impide que esta suba). El reactor parece estabilizarse. Han conseguido que la potencia aumente, pero aún se encuentra a un 12%. Todavía no hay energía suficiente como para ejecutar la prueba como es debido.

De las 211 barras de control del reactor, se retiran 205. Ya no hay barras de control ni sistemas de emergencia. Los únicos elementos que frenan el reactor son el agua y el Xenón. Aún así, Diatlov, responsable de llevarla  a cabo y, sin duda, presionado por las altas instancias para completar el ensayo, da la arriesgada orden de comenzar. Manda a Toptunov que eleve manualmente más barras y, este, contrariado, obedece.

Las bombas dejan de transportar agua por el reactor. El combustible de uranio ya no está controlado por el refrigerante ni por las barras de control. 

Es entonces cuando la potencia empieza a subir de manera espectacular.

Dentro del núcleo, el agua restante se convierte inmediatamente en vapor, que aumenta la reactividad que, a la vez, aumenta el calor que sigue produciendo vapor. En ese momento, el gas Xenón acumulado en el núcleo del reactor se disuelve y toda esa cantidad de energía contenida, comienza a generarse. Treinta y seis segundos después, a las 01:21, las alarmas empiezan a sonar en la sala de control. Los ingenieros no dan crédito a lo que ven. La potencia en el núcleo del reactor está desatada. En 4 segundos se pone 100 veces por encima del nivel de energía normal. Se ha disparado críticamente y está empezando a alcanzar temperaturas de fusión.

Los ingenieros detienen el proceso de inmediato, pero ya es inútil. Se ha producido una reacción en cadena. La temperatura y la potencia del reactor han superado su capacidad y sigue multiplicándose por segundos.

Toptunov, en un intento desesperado, corta el suministro eléctrico ( pulsa el botón AZ-5)  para que las barras de control caigan por su propio peso y dejen de producir energía, pero debido al calor extremo, estas se han dilatado y se han quedado encalladas, por lo que el reactor sigue recibiendo combustible nuclear. Es sólo cuestión de tiempo que no aguante más.

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El sistema de apagado (botón AZ-5)  tenía un error fatal, un fatídico defecto de diseño que, dadas las condiciones que habían creado, tuvo unas consecuencias devastadoras. 

Las barras de control estaban hechas de boro, que reduce la reactividad. No así sus puntas, que eran de grafito, el mismo moderador que, por su capacidad para acelerar la reactividad. se utilizaba en el núcleo del reactor. En cuanto todas aquellas puntas entraron en el reactor se disparó la producción de calor y de vapor. 

Este calor colapsó algunos canales de combustible impidiendo que las barras de control pudieran seguir avanzando. Las puntas de grafito quedaron atascadas en mitad del núcleo, acelerando ininterrumpidamente la reacción, convirtiendo el reactor nª4 en una bomba nuclear.

A la 1 horas 23 minutos se produce una primera detonación. En un instante todo el agua de refrigeración del interior del contenedor del núcleo se evapora, la presión se eleva repentinamente y se produce una explosión de vapor que hace saltar por los aires las 450 toneladas y 3 metros de espesor de la cubierta del reactor, dejando el núcleo al descubierto.  Dos o tres segundos más tarde se produce otra mucho más violenta cuando el  aire del exterior entra en la vasija y reacciona con el hidrogeno y las 2500 toneladas de grafito sobrecalentado del reactor. La catástrofe se completa. El edificio queda destruido y se expulsan violentamente a la atmósfera 50 toneladas de combustible nuclear, grafito y escombros radioactivos con el más que previsible destino de pasearse como una nube de la muerte por gran parte de Europa.

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un cúmulo de despropósitos

Ahora sabemos que el desastre de Chernóbil fue el resultado de un cúmulo de errores humanos sumados a un diseño deficiente de la central.

Ciertamente, en el momento en que se creó este modelo de reactor, sus diseñadores no fueron conscientes del defecto en las puntas de las barras de control pero, una vez ya lo sabían, admitieron no haberlo mencionado “por puro despiste”. En la construcción del reactor nuclear también pasaron por alto reforzar el edificio con muros de contención como los que sí tenían las centrales nucleares occidentales. 

Visto con perspectiva, resulta difícil comprender cómo se pueden obviar defectos de diseño tan graves, pero dentro del contexto social y cultural soviético era habitual escatimar costes, fomentar la rapidez, presumir de resultados y, sobre todo, no admitir errores. 

Una cuestión de orgullo.

El accidente también fue una coincidencia. Se suponía que el ensayo iba a ser realizado en el turno de día por un equipo especialmente entrenado para realizar ese tipo de verificaciones. Sin embargo, este se aplazó durante 10 horas por una serie de incidencias externas. El retraso hizo que el experimento se llevara a cabo durante el turno de noche por otro grupo de operarios que no había sido preparado específicamente para realizarla.

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“Me deja alucinado que el sistema diseñado esecíficamente para impedir la reacción de fisión no haga sino incrementarla en la más grave de las emergencias (ocasiones en las que es necesario pulsar el botón del sistema de parada de emergencia), puesto que la primera etapa de esa respuesta de emergencia, según este diseño, consiste nada menos que en introducir un moderador en el núcleo. Cualquiera que supiera algo sobre fisión debería haber previsto que, desde luego, aquella no era la manera de diseñar unas barras de control”

Alexander Leatherbarrrow, CHERNÓBIL 01:23:40. El accidente, pág 95. Ed. Duomo Nefelibata

La nube radioactiva 

En seguida asomó por la brecha abierta un resplandor de color azul que ascendió cientos de metros hacia el cielo. En Chernobyl (HBO), ese brillo azulado es, para Legasov, a su llegada en helicóptero a la zona cero, la dramática confirmación de que el núcleo de la central ha quedado expuesto. Y es que para el director adjunto del Instituto Kurchatov de Energía Atómica, no se trata de unas luces cualquiera, estaba observando el efecto Cherenkov.

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¿La explicación del efecto Cherenkov que menciona Dyatlov en la serie podría ser incorrecta?. Este artículo ofrece matices sobre la visión de HBO sobre este fenómeno.

La explosión esparció 700 dramáticas toneladas de material muy consistente en cuanto a daño potencial (sobre todo grafito), diseminándola por un área de varios quilómetros cuadrados y llegando a alcanzar una altitud de 1.5 kilómetros. El reactor número 4 ardió durante 10 días. Se estima que la liberación de partículas contaminante fue unas 500 veces superior a las que expulsó la bomba atómica de Hiroshima y que afectó a todas las formas de vida en un radio de 500 km alrededor de la planta.

Durante el 26 y el 27 de abril, la nube radioactiva recorrió más de 1000 km sobre suelo ruso, llegando a Bielorrusia y las repúblicas bálticas. Los vientos del sureste se encargaron de arrastrar la nube tóxica hasta Escandinavia, donde llegó el 28 de abril.

Los territorios más afectados fueron los de Ucrania y Bielorrusia, que decidieron evacuar partes de sus países de forma permanente, pero no hay lugar en el mundo donde, en un momento u otro, las nubes de Chernóbil no estuvieran presentes.

Los primeros héroes de Chernóbil

No se ha hablado mucho de las dos víctimas directas de la explosión nuclear, Valery Khodemchuk y Vladimir Shashenok, ni de las otras víctimas directas del accidente nuclear de Chérnobil.

El operador de calderas, Valeri Khodemchuk, de 35 años fue la primera víctima mortal. Esa noche se encontraba en la sala de máquinas para supervisar las bombas de agua del reactor e informar de los resultados de la prueba de seguridad a los operadores,  cuando le sorprendió de lleno la explosión. 

Su muerte fue instantánea y su cuerpo quedó sepultado bajo aquel infierno, haciendo imposible la recuperación del cuerpo.

Entre los trabajadores de la planta, hubo alguien que intentó rescatar a Khodemchuk. Su nombre era Valeri Perevozchenko, de 38 años y fue la primera persona en advertir de inmediato lo que había pasado ya que presenció atónito cómo saltaban las barras cilíndricas del núcleo del reactor antes de la explosión. Perevozchenko no sólo no pudo encontrar a su camarada, sino que consumió tanta radiación en el intento que murió un mes y medio más tarde en el  hospital número 6 de Moscú.

Memorial Valery Khodemchuk

En las entrañas de la Unidad 3/4 hay un monumento al héroe caído de Chernóbil, Valery Khodemchuk. Los empleados de la central la suelen decorar con flores frescas, dulces y cigarrillos. 

Flickr: atomicallyspeaking

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Khodemchuk no aparece físicamente en la serie de HBO Chernobyl, aunque se le hace alusión tanto en el primero  como en el último episodio.

En el capítulo 1 el personal de la central lo busca, sin éxito. En el último episodio, se descubre el trágico destino de este ingeniero en el discurso de Valery Legasov durante el juicio contra los directores de la planta de Pripyat.

Mientras tanto, dos hombres más fueron en busca de heridos. Uno de los que consiguieron rescatar, inconsciente entre las ruinas, pero aún con vida, fue Vladimir Shashenok, que sufrió graves quemaduras por todo el cuerpo cuando la explosión destruyó la sala en la que trabajaba.   

Shashenok, de 35 años y padre de dos niños, murió a las pocas horas en el hospital de Prípiat, víctima de horribles heridas y sin haber recuperado la consciencia. Fue el segundo y último hombre en morir aquel primer día. “Milagrosamente sus dos valientes rescatadores, pese a sufrir graves lesiones causadas por la radiación, incluyendo una quemadura radioactiva en la espalda de uno de ellos, en el punto donde se había posado la mano de Shashenok mientras lo sacaban, consiguieron sobrevivir al accidente” (Alexander Leatherbarrrow, CHERNÓBIL 01:23:40. El accidente, pág 95. Ed. Duomo Nefelibata). 

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Un periódico de la época llamado “Pravda” escribió un artículo sobre Khodemchuk explicando las razones por las que no se podría recuperar su cuerpo y afirmando que el “el cuarto bloque del reactor se había convertido en su ataúd”. El  mismo periodista también escribió que cuando bajara la radioactividad…tal vez, alguien escribirá en esas paredes que no es el reactor el que está enterrado ahí, sino Valery Khodemchuk.”

Y más o menos fue así. En 2015, cuando las condiciones radiactivas lo permitieron, se instaló un memorial para recordarlo. El memorial se encuentra entre los reactores 3 y 4 justo en la antigua sala de control.

Los trabajadores de la central fueron los primeros en hacer frente a las consecuencias inmediatas, y se comportaron, literalmente, como héroes. Pudieron salir huyendo y, sin embargo, no sólo se quedaron, sino que sus acciones impidieron una catástrofe todavía mayor. 

Aleksandr Lelechenko, de 47 años, estaba entre ellos. Comenzó a trabajar en la central nuclear de Chernóbil en 1975 y en el momento del accidente, era el subdirector del departamento eléctrico. Durante las primeras horas, organizó las labores de contención inmediatas para evitar una poderosa explosión de hidrógeno. 

Lelechenko no permitió que los empleados más jóvenes entraran en zonas peligrosas.

En medio de un infierno en el que la reactividad se situaba entre 5.000 y 15.000 roentgens por hora, él mismo atravesó todo tipo de escombros, restos de combustible y trozos de grafito del reactor para llegar al área de electrólisis y cortar el suministro de hidrógeno hacia los generadores de emergencia. Después con el agua hasta las rodillas intentó suministrar tensión a las bombas de alimentación de agua para evitar que el fuego se extendiera a unidades de energía no dañadas. 

Lo hizo todo manualmente porque todos los sistemas fallaban. 

La dosis total a la que se expuso fue de alrededor de 2500 roentgens, suficiente como para matarlo cinco veces, 

Alexander Lelechenko fue llevado a la Unidad Médica №126 de Prípiat pero incluso después de recibir tratamiento médico quiso regresar a la central, donde siguió colaborando en las tareas de liquidación hasta el 30 de abril.

Una semana más tarde murió en el hospital de Prípiat. Fue la tercera víctima del accidente.

Al personal de la central le siguió el de emergencias.

Las víctimas inmediatas, más de 200 sólo durante los 3 primeros días, fueron atendidas en el hospital de Prípiat. Muchos de ellos sufrieron una terrible agonía envuelta en insoportables dolores. Algunos llegaron con sus órganos prácticamente disueltos. 

Entre ellos había muchos bomberos que, impotentes, intentaban combatir las llamas sin saber que aquel fuego era diferente a los demás. A su alrededor, cientos de pequeños incendios tóxicos y un siniestro puzzle de miles de piezas de grafito ardiente con combustible radioactivo adherido. 

Sin saberlo, estaban en el lugar que arrojaba los registros más altos de radioactividad en toda la historia. Nadie vivo había estado tan cerca del epicentro de una fusión nuclear. 

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la radiación en chernóbil

En aquellos tiempos, la unidad que empleaba la URSS para medir la radiación era de un Roentgen. Los niveles atmosféricos normales se situaban alrededor de 23 microrroengents por hora (µR/h) o 0.000023 roentgens por hora (R/h). Se cree que el ser humano puede absorber hasta 0.3 roentgens de radiación al año sin verse afectado. Para el organismo, la exposición es mortal si supera los 400 roentgens (R). 

Aquel infierno arrojaba los registros más altos de radioactividad en toda la historia. Se calcula que en la sala del reactor número 4 en aquel momento se emitían 30.000 R/h, una cantidad que provoca una muerte instantánea. 

El volumen y la intensidad de las partículas arrojadas a la atmósfera aquella noche equivales a 10 bombas de Hiroshima, sin incluir las 700 toneladas de  material radioactivo (combustible y grafito) que se distribuyeron por los alrededores del reactor. 

A pesar de ello, varios retenes siguieron exponiendo sus vidas, intentando atajar los diversos focos que amenazaban a los otros tres reactores de la central y que podían desatar la mayor explosión de todos los tiempos. Muchos, en un alarde propio de la mentalidad soviética, dieron su vida sabiendo que aquellos serían sus últimos minutos.

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Gracias al comportamiento heroico de estos primeros liquidadores que actuaron inmediatamente, el número de víctimas no fue mucho mayor… Bomberos, médicos, personal militar…, sabían que iban a morir y, aún así, cumplieron con su deber, salvando quién sabe si millones de vidas. 

En seguida fueron trasladados al hospital número 6 de Moscú, el único en el que había una unidad especializada en dolencias y enfermedades relacionadas con una gran exposición a la radioactividad. Muchos de los heridos terminaron agonizando y muriendo por los efectos devastadores de la radiación.

Desde el momento del accidente hasta el año 2000, la cifra oficial era de 31 muertos, los 2 trabajadores de la planta de los que hemos hablado, y 29 personas más, entre bomberos y personal de la central, que morirían durante los cuatro meses siguientes a causa del llamado Síndrome Agudo por Radiación. Esta cifra está, por supuesto, manipulada.

La mayoría de los fallecidos fueron enterrados en el cementerio de Mitino en Moscú. Debido a la alta radiación, cada cuerpo permanece cerrado dentro de un ataúd de hormigón.

DURANTE 15 AÑOS, LAS AUTORIDADES SOVIÉTICAS SÓLO RECONOCIERON AQUELLAS PRIMERAS VÍCTIMAS. 

Estos son sólo unos pocos ejemplos, pero en aquellos días se sucedieron infinidad de comportamientos absolutamente heroicos que quedaran en el anonimatos para siempre.

Prípiat, tras el accidente

Al amanecer, Prípiat dormía. La central llevaba ardiendo más de cinco horas y la población todavía no tenía noticias del desastre. Los soldados, provistos de máscaras y uniformes de seguridad, se cruzaban con los más madrugadores, a los que nadie avisó sobre la amenaza de contaminación radioactiva.

20 horas después de la explosión los habitantes de Prípiat seguían sin  recibir información sobre el accidente y sus consecuencias. El silencio seguía siendo la consigna.

Durante todo este tiempo tenían que haberse quedado en sus casas, con las ventanas y las puertas cerradas. Y se les tendría que haber proporcionado pastillas de yoduro, que les hubieran ayudado a contrarrestar los efectos de la radiación.

Nada de eso ocurrió. 

Los últimos días de Prípiat

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La radiación no se puede ver, no se puede oler, no tiene sabor… Además, las personas no suelen presentar  síntomas de la enfermedad por radiación hasta que  ya es demasiado tarde. 

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la radiación en PRÍPIAT

En Prípiat, a primeras horas de la tarde, las lecturas estaban 15.000 veces por encima de lo normal… Al anochecer, 600.000.

Sólo en ese primer día, los habitantes de Prípiat recibieron una dosis 50 veces superior de la que se considera inofensiva. A ese ritmo, habrían estado expuestos a una dosis letal en 4 días.

La evacuación

La evacuación de Prípiat tuvo lugar durante la tarde del 27 de abril de 1986. Por fin, 36 horas después de la explosión se empezaron a tomar medidas, aunque muchos de los habitantes de Prípiat ya estaban fuertemente irradiados. A esas horas, habían estado expuestos a dosis tan altas de radiación que muchos de ellos padecerían graves secuelas en el futuro. 
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El 6 de Abril, 1986 a las 13:10, las autoridades hicieron el siguiente anuncio a través de los altavoces:

¡Para la atención de los residentes de Prípiat!  Estimados camaradas, el Ayuntamiento informa que debido al accidente en la central nuclear de Chernóbil, la radiactividad ha evolucionado a niveles adversos. Miembros del Partido Comunista y cuerpos de policía están tomando las medidas necesarias para combatir este problema. No obstante, para garantizar la absoluta seguridad y salud de la población, en especial, la de los niños, es necesario evacuar temporalmente a todos los habitantes de las ciudades más cercanas de la región de Kiev.

Por estas razones, el 27 de abril de 1986, a partir de las 14:00 horas, cada bloque de pisos tendrá un autobús a su disposición, supervisado por personal militar y  representantes  del comité ejecutivo del partido. Se recomienda llevar consigo: documentos, artículos de primera necesidad y comida para los primeros momentos. Los representantes de las instalaciones públicas e industriales de Prípiat han designado el personal que deberá quedarse para asegurar el normal funcionamiento de la ciudad. Durante el tiempo que dure la evacuación todas las viviendas estarán protegidas por personal militar.

Camaradas, al dejar temporalmente sus casas, por favor,  no olviden apagar la luz, desconectar los aparatos electrónicos y gas, cortar el agua y cerrar las ventanas.  Por favor, mantengan calma y orden a lo largo de este proceso de  evacuación temporal.

A los habitantes de Prípiat se les dieron unas pocas horas para recoger sus cosas y esperar junto a sus casas. Sólo podían llevar consigo lo imprescindible. Se les prometió que iban a volver a los tres días, pero la realidad era que no volverían jamás a sus hogares.. 

Las mascotas debían despedirse de sus dueños. Convertidos en objetos altamente radioactivos, todos los animales tenían que ser sacrificados a tiros.

El ejército movilizó 1200 autobuses, cientos de camiones, algunos barcos y varios trenes. En 3 horas y media, la ciudad estaba desierta. Las únicas personas que quedaron en aquella ciudad  fantasma fueron los militares y los miembros de la delegación de científicos, que se alojaron en el hotel Prípiat e, inconscientes del peligro, comieron, durmieron y trabajaron en la propia ciudad.

El éxodo no acabó en Prípiat. Más adelante se empezaron a evacuar a todos los pueblos alrededor del reactor. Primero Chernóbil y más tarde todas las localidades en un área de 30 km alrededor de la central.

Una zona que se delimitaría, se militarizaría y se olvidaría. Una región entera que permanecerá sin vida durante miles de años. Se le llamaría LA ZONA DE EXCLUSIÓN.

Evacuación Pripyat
Buses Chernóbil

La cola formada por los autobuses alcanzaba los 25 kilómetros.   En 3 horas la ciudad quedaría vacía para siempre. 

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A partir de entonces, una extensa región de Bielorrusia y Ucrania se mantendría aislada del resto del mundo. Sus 130.000 habitantes, muchos de ellos ya contaminados, quedaron absolutamente desarraigados. Sin tierra ni pertenencias. Todo un mundo que desapareció en unos pocos días a causa de un misterioso enemigo invisible.

Fuera de Prípiat, los militares rociaban las casas con un líquido denso.

En un momento, las viviendas quedaban completamente deshabitadas y regadas por aquella substancia que fijaba los radionucleidos a la superficie y que, tras endurecerse, permitía recogerlo todo sin levantar el polvo radioactivo. Si era necesario enterraban la casa entera, con sus libros, muñecas, bicicletas… Miles de vidas vencidas por los neutrones y  sepultadas para siempre.

Los más ancianos no querían irse. Para ellos, que habían sobrevivido al holodomor, a la ocupación nazi y a la Segunda Guerra Mundial, no ocurría nada. No había fuego ni disparos. 

Lo que no sabían era que cientos de aldeas iban a ser borradas de la faz de la tierra por los bulldozers del ejército soviético. Ni que unos cuantos pueblos quedarían soterrados bajo cinco metros de tierra.

Algunos dejaron carteles: 

Coro de soldados

“Querido buen hombre de paso: no busques objetos de valor. No los hay ni los hemos tenido. Haz uso de todo, pero no lo destroces. Regresaremos”. En otras casas he visto inscripciones con pintura de diferentes colores: “Perdónanos, querida casa nuestra” . Se despedían de la casa como  de una persona. Escribían: “nos vamos por la mañana” o “nos vamos por la tarde” . Anotaban la fecha, incluso la hora y los minutos. Notas con letra infantil sobre hojas de cuadernos escolares: “No maltrates al gato, las ratas se lo comerán todo”. O “No mates a nuestra Zhulka . Es buena”. 

VOCES DE CHERNÓBIL, Svetlana Alexiévich

En aquellos primeros días, bandas de saqueadores se colaban en aquellas tumbas de madera. Algunas desconocían que la radiación acumulada entre esas 4 paredes podía matar en sólo 5 minutos, otras, lo hicieron a sabiendas. Sea como sea, los ladrones robaron todas las pertenencias que quedaron en las casas. Y todas fueron a parar al mercado negro, pasando de mano en mano a pesar de estar fuertemente irradiadas.

No muy lejos de ahí, a apenas 500 metros del reactor 4, el bosque se volvió rojo. La nube radiactiva provocada tras el accidente sobrevoló esa zona, matando los árboles y tornando sus hojas de un macabro color rojo.  Hoy, ese suelo conocido como “Bosque Rojo” sigue emitiendo una radiación muy por encima de los niveles tolerables, e incluso algunas de sus áreas siguen siendo absolutamente intransitables para los humanos. 

Y mientras todo esto sucedía, el pueblo soviético seguía sin saber absolutamente nada.

El silencio de las autoridades soviéticas

La Unión Soviética, en los años ochenta vivía un momento de crisis económica y estaba muy cerca de una crisis política. La reacción de se dio en ese momento, en plena guerra fría fue tratar de evitar que occidente se enterara de que había habido un accidente de esas magnitud. En ese contexto, todo lo relacionado con el desastre fue manejado con absoluta discreción. Incluso ocultándolo a la propia población. 

No fue hasta dos días después de la explosión, que las autoridades soviéticas no informaron sobre el accidente en Chernóbil. Tuvieron que hacerlo público porque una planta nuclear sueca captó los altos niveles de radiación.

El 28 de abril de 1986, en la popular sección del tiempo del informativo nocturno, se leyó una breve nota que ocupó 14 segundos:  “Ha ocurrido un accidente en la central nuclear de Chernóbil y uno de los reactores ha resultado dañado. Se toman medidas para eliminar las consecuencias de la avería. Las víctimas reciben ayuda. Se ha creado una comisión gubernamental”.

Incluso entonces el mundo desconocía que más de 150.000 personas habían comenzado un penoso éxodo.

A esas horas, los rumores ya eran imparables. El primer secretario del partido ucraniano Vladimir Chervinsky, alarmado por la realidad del accidente de Chernóbil decide impedir el gran desfile del 1º de mayo, la fiesta más importante de la Unión Soviética, que se celebrará en kiev, a 150 km de la central. No le hacen caso. La consigna sigue siendo la misma. Que no cunda el pánico. 

Un millón de personas, muchas de ellas niños pequeños, tomarían las calles ese primer día del mes de mayo. 

Al tiempo, Chervinsky se suicidió. 

Por fin,  20 días después de la explosión, compareció Mijaíl Gorbachov para anunciar al mundo el desastre, la mobilización de tropas y la evacuación de la población en un radio de 30 kilómetros de Chernóbil.

Carreteras Infinitas

Los reactores 1, 2 y 3 se volvieron a poner en marcha, ya que la Unión Soviética no podía permitirse cerrar la planta. En octubre de 1991, el reactor nº 2 se incendió y posteriormente se cerró. Tras la presión de algunos gobiernos extranjeros, en 1996 se cerró el reactor nº 1. El reactor nº3 lo hizo a finales de 2000 y la central nuclear dejó de generar electricidad de forma permanente.

En abril de 2015, los reactores entraron en una fase de desmantelamiento.

Los responsables

Una vez cerrada la investigación, y según el informe oficial, fueron los empleados los que habían violado gravemente las normas de seguridad de la planta. El director de la central nuclear Víctor Briujanov, el ingeniero jefe Nicolai Fomin y el ingeniero jefe adjunto Anatoli Diatlov fueron condenados a 10 años de reclusión en un campo de trabajos forzados, como responsables del accidente.  fueron considerados por el tribunal como culpables de graves violaciones de las normas de seguridad de la planta, que provocaron la catástrofe.

Los otros tres condenados son el jefe del turno de noche, Boris Rogoski (5 años), el supervisor del cuatro reactor, Alexander Kovalenko (3 años), y el inspector estatal de la seguridad de la central, Yuxi Laushkin (2 años). 

Paradójicamente, el juicio tuvo lugar en la Casa Cultural de Chernóbil, que antes era una sinagoga. La Prensa internacional fue invitada a presenciar el primero y el último día del juicio, que duró 3 semanas.

Las cifras no dejan lugar a dudas.  Chernóbil fue una auténtica catástrofe creada por el hombre. Aquí se perdieron vidas, puestos de trabajo, se contaminaron ríos, lagos, miles de personas se quedaron sin hogar ni pertenencias, se tuvo que sacrificar animales, bosques y pueblos enteros … Los daños fueron incalculables. 

Hoy, más de 35 años después del accidente de Chernóbil, la zona de exclusión es un lugar inhóspito, insólito, un escenario apocalíptico olvidado por la mayoría… Un desierto de calma y paz donde una vez hubo naturaleza, pequeños pueblos y algunos edificios residenciales`.

¿Existe el átomo pacífico?

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El panorama pues, era próspero. Una prosperidad que muy pronto se vería truncada. El 26 de abril de 1986 las vidas de los casi 50.000 vecinos de Prípiat quedarían destrozadas para siempre.

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