Ciudad de Chernóbil. Zona de exclusión de Chernóbil (II)

¿QUÉ MUEVE A LAS PERSONAS A VISITAR ESTA TIERRA CONTAMINADA?

A unos minutos de Zalissya está la ciudad de Chernóbil. En 1986, tenía unos 13.000 habitantes. Hoy, oficialmente, no hay ninguno.

Sin embargo, hay señales de vida.

Chernóbil fue un auténtico desastre creado por el hombre. Más de 35 años más tarde, una vasta zona alrededor de la central nuclear sigue contaminada y desahuciada.

Pero,  ¿Qué mueve a las personas a visitar una tierra despoblada y abandonada a su suerte? Su encanto es difícil de explicar, pero lo cierto es que muchas personas encuentran algo de fascinación en el hecho de contemplar el esqueleto de una ciudad fantasma o en fantasear con lugares donde alguna vez existió vida. Más allá de la tragedia y sus consecuencias, el sitio tiene ahora el encanto particular de la decadencia: los edificios abandonados se han convertido en un formidable lienzo para los artistas de la fotografía y las calles que un día conquistaron el orgullo y la admiración de toda la Unión Soviética se van consumiendo poco a poco.

Nosotros hemos ido hasta allí, a la zona de exclusión de Chernóbil, y podemos asegurar que la visita es, definitivamente, una experiencia hipnótica, casi mística, respetuosa con el sufrimiento de las víctimas de la catástrofe y empática al obligarte a sentir su dolor de cerca.

Ciudad de Chernóbil

VISITA A LA ZONA DE EXCLUSIÓN (II) : CIUDAD DE CHERNÓBIL 

A unos minutos de Zalissya está la ciudad de Chernóbil, que curiosamente está bastante más lejos de la central nuclear que Prípiat. En 1986, tenía unos 13.000 habitantes, pero hoy oficialmente no hay ninguno.

Aunque no es una ciudad fantasma.

Históricamente, Chernóbil ha sido la población más grande de lo que ahora es la zona de exclusión. El pacífico pueblo, que data del siglo XII fue una vez una vibrante ciudad judía, pero a principios del siglo XX muchos de sus habitantes fueron asesinados primero por el Ejército Rojo y luego durante la ocupación nazi. En el momento del desastre, la población había aumentado, en gran parte debido a la industria nuclear, a aproximadamente 14.000 personas.

A la entrada de la ciudad hay un memorial en forma de puesto de control. Una sencilla recreación histórica que se estableció por iniciativa del Departamento de la Policía Nacional en la región de Kiev y que está dedicada al coraje y sacrificio del personal encargado de hacer cumplir la ley durante la liquidación del accidente en el Central nuclear de Chernóbil.

En la ciudad de Chernóbil todo está en calma. Casi congelado. Aparentemente es una ciudad triste y abatida. Medio viva y medio muerta. Sin embargo, hay señales de vida. Aquí viven la mayoría de trabajadores y liquidadores modernos de Chernóbil, que son los que desmantelan la planta energética. También hay un pequeño supermercado, con productos escasos pero con los estantes llenos de alcohol, un restaurante y un hotel, donde comen y duermen los turistas y sus guías.

En el hotel 10 nos instalamos.

El Café 10 se abrió en 2013. Se llama así porque está justo a 10 km de la planta. Está abierto de 7 de la mañana hasta el toque de queda, a las 22 horas. Aquí, cada día decenas de personas toman una copa o comen las especialidades ucranianas del menú en un ambiente distendido y agradable. La cafetería también ofrece habitaciones sencillas pero suficientes. 

Aquí viven unas 600 personas. La mayoría de ellas trabaja desmantelando la planta. Se les permite permanecer en la zona durante 15 días, pero luego tienen que irse los 15 siguientes. Esa es la norma para no superar la exposición a la dosis de radiación. Algunos permanecen trabajan sólo cuatro días a la semana. Mientras están aquí, viven en pisos o residencias abandonadas y compran lo que necesitan en las tiendas locales.  

Las casas fueron abandonadas inmediatamente después del desastre. La gente lo dejó todo. Algunas personas han regresado y han organizado nuevamente su vida para vivir aquí de forma modesta. 

 En Chernóbil las tuberías van por encima de la carretera y de las calles.  Cuando se construyeron a marchas forzadas en 1986, las nuevas tuberías no fueron enterradas para evitar el contacto con el suelo radioactivo, así que son visibles. A veces pasas por encima de ellas, pero la mayoría son ellas las que pasan por encima de ti.

 La plaza central de la Ciudad de Chernóbil: “Alley of Memory and Hope”, “Wormwood Star Memorial”  y “Museo” 

En la plaza central de la ciudad hay un memorial llamdo “Alley of memory and hope”, una pequeña avenida con los nombres de las aldeas que fueron abandonadas o, simplemente, desaparecieron.

Hay más de 100.

En la misma plaza puedes entrar a un pequeño museo ( tendrás suerte si lo encuentras abierto, ya que funciona con horarios caprichosos. 

También está el “Wormwood Star Memorial”, una estatua que representa el tercer Ángel de la Apocalipsis, un personaje bíblico que guarda una macabra relación con este lugar. Según la Biblia, cuando sonó esa trompeta, un astro de grandes dimensiones se precipitó sobre la tierra, contaminando las aguas y todo lo que encontró a su paso. 

El nombre de la estrella en cuestión era Ajenjo, un dato que sería insignificante si no fuera porque ajenjo en ucraniano significa Chernóbil. 

Como pasa siempre en estos casos, hay quien atiende a la razón y quién busca respuestas en los malos augurios contenidos en las profecías bíblicas… Mientras los científicos culpan del accidente al diseño del reactor y los errores humanos que se cometieron durante aquella noche fatídica, los más creyentes, sin embargo, han querido atribuirlo a un suceso divino profetizado en los versículos del Apocalipsis de San Juan.

«El tercer ángel tocó la trompeta, y una grande estrella que ardía como una antorcha cayó del cielo, sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de las aguas. Y esa estrella tiene por nombre Ajenjo» «Entonces, vi un águila volando alto y oí que decía con voz fuerte: “Desastres, desastres, desastres para los habitantes de la tierra. Comenzarán después de que los tres últimos ángeles toquen las trompetas”».

Apocalipsis 8:11-13 

Casualmente, chernóbil significa en ucraniano «hierba negra», y a menudo se traduce como «ajenjo», una planta de sabor muy amargo que, precisamente, es muy común en la zona, por lo que se otorgó ese nombre a la ciudad.

Ciudad de Chernóbil. Tercer-angel-de-la-apocalipsis

Wormwood Star Memorial, en la plaza central de la ciudad de Chernóbil. El cuerpo del ángel está hecho de acero, formando una silueta que sostiene una larga trompeta.

Al pie de la estatua del ángel hay una gran losa de hormigón con forma de mapa. Es la parte ucraniana de la zona de esclusión. 

Aquí mismo, cada 25 de abril, al anochecer, residentes, trabajadores y visitantes se reúnen para conmemorar el aniversario de la catástrofe y rezar por los muertos. Un suceso tan complejo y con repercusiones tan duraderas que, más de 35 años después, aún cuesta entenderlo. En medio de una atmósfera emocionante, los reunidos sostienen velas mientras escuchan poemas o canciones locales. 

Memorial dedicado a “aquellos que salvaron el mundo (Monument of “those who saved the world”)

Junto al parque de bomberos que hay operativo en Chernóbil, hay un monumento que recuerda a los bomberos de la 6ª brigada de Prípiat que, en la madrugada del 26 de abril de 1986 libraron su última batalla. Los recuerdan también sus familiares que, una vez al año les traen comida y bebida. Estos hombres fueron los primeros que atendieron las llamadas de emergencia de Chernóbil. Esa nobhe arrojaron toneladas de agua sobre el núcleo del reactor evitando que el fuego se extendiera a la unidad 3, que estaba en el mismo edificio que el cuatro. Ninguno de ellos sobrevivió más de 4 meses. Fueron las primeras víctimas de Chernóbil.

Monumento a Lenin

En Chernóbil hay algo prácticamente inexistente en la Ucrania posterior a 1991: una estatua de Lenin.

Debido a que permanece congelado en el tiempo, la zona de exclusión de Chernóbil es uno de los pocos lugares del país donde todavía se pueden ver hoces, martillos y estatuas de Lenin.

Las leyes de descomunización del gobierno pro occidental de Ucrania han dado cobertura legal a la destrucción de cualquier monumento en honor al fundador de la Unión Soviética. Al no ser Chernóbil una ciudad, en el sentido administrativo del término, no tiene autoridad local para tomar ninguna decisión al respecto. 

Estatua-de-Lenin-Ciudad-de-Chernóbil

Estatua de Lenin en la ciudad de Chernóbil

Chernobyl Open Air Museum of Machinery 

Los vehículos expuestos en el Museo de Mecánica fueron utilizados por los liquidadores para descontaminar la zona. Hay un pequeño robot (en la foto de la derecha) que se utilizó para las tareas de limpieza del tejado del reactor.

El tejado del reactor era un lugar absolutamente incompatible con la vida humana, por lo que se utilizaron robots teledirigidos para su limpieza. Sin embargo, la radiación allí era tan alta que, al poco tiempo, los operarios perdían el control sobre las máquinas y estas dejaban de funcionar. Algunas hasta se precipitaron del tejado. 

Minutos era lo que tardaba la radiación en convertir la tecnología punta de le época en chatarra.

Las señales de peligro no son un decorado. Todas las máquinas se limpiaron pero siguen siendo radioactivas. A una distancia segura, los dosímetros marcan unos niveles normales. En la ciudad de Chernóbil los resultados de la medición oscilan entre 0.12-0.14 μSv/h (microsieverts/h). Aquí rondan los 0.20-0.22 μSv/h. No es peligroso pero significa que estamos cerca de fuentes de radiación.

Iglesia de la Ciudad de Chernóbil

La iglesia en sí es sencilla pero muy bonita. Sus paredes son nítidas y blancas, con arcos de color azul y amarillo oro, como la bandera de Ucrania. Dos cúpulas doradas coronan el techo. El contraste entre la iglesia y los escombros que la rodean, es muy llamativo.

Y triste.

Antes de la reunión anual en la plaza central de Chernóbil, en la iglesia ortodoxa local se celebra una misa. Tras ella, los participantes tocan la campana de la memoria, en el patio de la iglesia. Una por cada año transcurrido desde el accidente. En 2022 sonará 36 veces.

La única iglesia abierta de la zona de Chernóbil muestra unos niveles mínimos de radiación. Según cuentan, muy por debajo de los parámetros de la zona de exclusión e incluso por debajo de los que hay en Kiev.

En palabras del presidente de la Unión Ucraniana de Chernobyl, Yury Andreyev  “incluso durante los días más difíciles de 1986, el área alrededor de la iglesia de St. Elijah estaba limpia de radiación, sin mencionar que la iglesia en sí también lo estaba”. Andreyev afirma también que el nivel de radiación en la ciudad de Chernóbil (mucho menor que en Prípiat y otras zonas circundantes) … “sólo se puede explicar por la voluntad de Dios”.

Pues eso. 

En Chernóbil la vida sigue. Lenta, inhóspita y con ropa de combate. Como si aún siguieran en guerra contra el enemigo invisible.

Ciudad-de-Chernóbil

Zalissya Village. Zona de exclusión de Chernóbil (I).

¿QUÉ MUEVE A LAS PERSONAS A VISITAR ESTA TIERRA CONTAMINADA?

Chernóbil fue un auténtico desastre creado por el hombre. Más de 35 años más tarde, una vasta zona alrededor de la central nuclear sigue contaminada y desahuciada. 

¿Qué mueve a las personas a visitar una tierra despoblada y abandonada a su suerte? Su encanto es difícil de explicar, pero lo cierto es que muchas personas encuentran algo de fascinación en el hecho de contemplar el esqueleto de una ciudad fantasma o en fantasear con lugares donde alguna vez existió vida. Más allá de la tragedia y sus consecuencias, el sitio tiene ahora el encanto particular de la decadencia: los edificios abandonados se han convertido en un formidable lienzo para los artistas de la fotografía y las calles que un día conquistaron el orgullo y la admiración de toda la Unión Soviética se van consumiendo poco a poco.

Nosotros hemos ido hasta allí, a la zona de exclusión de Chernóbil, y podemos asegurar que la visita es, definitivamente, una experiencia hipnótica, casi mística, respetuosa con el sufrimiento de las víctimas de la catástrofe y empática al obligarte a sentir su dolor de cerca.

Zalissya Village, es el primero de los pueblos en aparecer después del primer puesto de control. Es uno de las pocas aldeas que aún quedan en pie en Chernóbil, aunque sus edificios intemporales, abandonados y ruinosos  esperan pacientemente a que la maleza se apodere definitivamente de ellos…

Visita a la zona de exclusión de Chernóbil Zalissya-Village

VISITA A LA ZONA DE EXCLUSIÓN DE CHERNÓBIL (I)

Ha pasado hora y media desde que nuestro guía nos recogiera en nuestro hotel de Kiev y la carretera se va haciendo cada vez más pequeña. Hemos pasado el último pueblo antes de la zona de exclusión y, por momentos, una atmósfera apocalíptica se va apoderando del paisaje. 

En el horizonte vemos unos soldados. Hemos alcanzado el puesto de control “Checkpoint Dityatky”, que marca la entrada a la zona de exclusión de 30km. El acceso está estrictamente vigilado por el ejército, que sólo deja pasar a aquellos que tienen permiso.

El acceso al perímetro de 30 km está estrictamente prohibido a las mujeres embarazadas y a los menores de 18 años.

Los únicos que pueden entrar a la zona de exclusión son los viejos residentes, que siguen visitando los cementerios, y aquellos que tienen permisos de entrada (turistas y empleados). Alrededor de 150 personas, sobre todo personas mayores, siguen viviendo en la zona de exclusión bajo su propia responsabilidad. Además de los habitantes, hay alrededor de 3000 trabajadores que están sometidos a un régimen especial y cuidan de la zona de Chernóbil, incluyendo la central nuclear, a pesar de que esta cerrara en 2000. 

La zona de exclusión tiene 30 km, pero luego hay otras dos zonas más pequeñas. La zona de exclusión de 10 km es donde se concentra la alta contaminación, y luego está la zona de exclusión de Prípiat, que rodea la ciudad fantasma.

Después de ingresar en territorio prohibido nos detenemos en Zalissya Village, una aldea a 10 minutos del puesto de control de Dytiaky.

ZALISSYA VILLAGE

Zalissya Village es la primera parada en la mayoría de recorridos guiados. Aquí, los niveles de radiación son completamente normales. 

La unidad para medir la radiación es el microsievert por hora (µSv/h). Se considera normal todo aquello que esté comprendido entre 0 i 0.18 µSv/h. El umbral de la muerte estaría en los 10 millones de µSv/h.

Zalissya es una de las cientos de aldeas que fueron abandonadas tras el desastre. Algunas de estas simplemente desaparecieron. Estaban demasiado contaminadas y fueron arrasadas por el ejército. 

Más allá de Chernóbil y Prípiat, Zalissya era el pueblo más grande del área que luego formó la zona de exclusión. Un cartel a la entrada nos recuerda que está ubicado a 3 kilómetros de distancia de la ciudad de Chernóbil y que, antes del accidente fue el hogar de 3.062 personas. Tras el desastre, sus habitantes fueron trasladados a la Nueva Zalissya, en el distrito de Borodyanskyi, cerca de Kiev.

Aunque en su momento era bastante grande, ahora hay sólo dos calles por las que los visitantes pueden caminar. 

En la primera de ellas, vemos la casa de un médico al principio. Un edificio pequeño y sencillo transformado en un lugar donde la gente podía visitarse y las mujeres podían dar a luz a sus hijos.  También hay una tienda y muchas casas particulares a lo largo del corto paseo. Su estado queda lejos de ser perfecto. Muchas fueron saqueadas, pero aún así, puedes asomar por la ventana y ver algunos enseres de la época.  

Hay un memorial en recuerdo a las víctimas locales de la segunda Guerra Mundial que permanece bastante bien conservado al otro lado de la carretera. Desde aquí se llega al centro del pueblo, aunque ahora no lo parece porque la vegetación lo consume todo.

La calle principal de Zalissya, una vez fue ancha y transitada. Caminamos por lo que ahora es poco menos que un camino forestal y vemos como avanza el bosque. Cada año que pasa la calle se vuelve un poco más estrecha y las casas y los edificios públicos apenas se dejan ya ver. 

En el pueblo, hay un teatro abandonado. Los lugareños simplemente lo llamaban Casa de la Cultura. Un edificio imponente que incluía entre otras cosas, un teatro, una biblioteca y una sala de conciertos. Hoy su estado es ruinoso. Los techos se derrumban y las ventanas se desplazan perezosamente con la brisa. Sobre el escenario aún se puede ver una pancarta que reza “El comunismo es un futuro brillante para toda la humanidad”. Un residuo del pasado que nunca tuvo futuro.

Como en muchos de los pueblos de Ucrania, la Casa de la Cultura era el epicentro de la vida social de la comunidad y, subliminalmente, un instrumento  de control y propaganda soviética. Después del desastre, se convirtió en un cuartel para los soldados que enviaron para limpiar el reactor y la cercana ciudad de Prípiat.

La hoz y el martillo que han presidido la aldea hasta aquí, chocan de frente con la realidad soviética cuando uno se aleja del Centro de Cultura. La calle, por ejemplo, deja de estar asfaltada y las casas que siguen al camino se adivinan sencillas. La intimidad de lo privado contrasta con la exhibición de lo público. En este sentido, Zalissya Village es un ejemplo magnífico de cómo las reglas soviéticas coexistieron con la cultura ucraniana.

Un viejo Lada y un vehículo del ejército han sido abandonados y despojados de la mayoría de sus piezas. Permanecen expuestos a los elementos, demasiado radioactivos para ser de utilidad para nadie.

La vegetación se está tragando las casas. Algunas han sido destruidas por árboles caídos. En su interior, nada parece estar donde debería estar. 

Muchos de los fallecidos en estos últimos años han querido ser enterrados en las aldeas donde nacieron. A las afueras de Zalissya hay un viejo cementerio en el que todavía se celebran discretos entierros. 

El pueblo se está desvaneciendo lentamente. El pasado se diluye poco a poco a medida que la naturaleza recupera lo que, en el fondo, le pertenece.

Zalissya Village. Visita a la zona de exclusión de Chernóbil

La verdadera historia del escuadrón suicida de Chernóbil.

EL ESCUADRÓN SUICIDA DE CHERNÓBIL, ¿QUÉ HAY DE REALIDAD?

Entre las miles de historias heroicas y trascendentales  que se fueron sucediendo tras el accidente de la central nuclear de Chernóbil, la de Alexei Ananenko, Boris Baranov y Valeriy Bezpalov es, indudablemente, una de las más extraordinarias. Una epopeya que no pasó por alto la memorable serie de HBO.

Y es que pocas hazañas fusionan realidad y leyenda con tanta naturalidad como la de los tres hombres que se sumergieron en las entrañas del ruinoso reactor para vaciar las piscinas situadas bajo el núcleo incandescente y salvar la vida a 50 millones de personas.

Tres personas a los que se denominaría el escuadrón suicida de Chernóbil, tres superhéroes de carne y hueso a los que Europa debe nada menos que su futuro.

Central nuclear de Chernóbil

LAS PISCINAS DE BURBUJAS

En los liquidadores de Chernóbil, ya hemos visto cómo los equipos de liquidadores trataron de apagar el fuego procedente del reactor a la vez que intentaron sellar con materiales pesados el núcleo del mismo. Durante esa tarea de bloqueo, los ingenieros encargados de la gestión del siniestro, detectaron un problema. Y no era menor.

Por un lado, descubrieron que el subsuelo sobre el que reposaban las piscinas había quedado totalmente inundado tanto por el agua de las tuberías internas del reactor, que reventaron tras la explosión, como por el agua vertida por los bomberos. Por otro, sabían que en el reactor, justo unos metros por encima de estas piscinas, había diversos materiales radiactivos fundiéndose a más de 1.660°C, cuya combinación daba como resultado un material conocido como Corio, extraordinariamente radiactivo y con propiedades similares a la lava.

A estas alturas del siniestro, el bloque de cemento que había por debajo de esta masa incandescente corría el riesgo de resquebrajarse y filtrar la lava hacia las aguas estancadas en el subsuelo. Básicamente, el peso del magma provocaría que la estructura del reactor cediera, empujando la lava radioactiva hacia las cámaras subterráneas, ahora inundadas.

Y en el edificio había cantidad suficiente de ambos materiales como para volar toda la planta de Chernóbil

Es decir, en ese punto, si el magma entraba en contacto con el agua se desencadenaría una reacción en cadena que podría causar una segunda explosión de vapor mucho más devastadora que la primera. Una explosión que acabaría con la central y los otros tres reactores. Capaz de expandir la contaminación radioactiva irremediablemente por todo el continente europeo y de cobrarse miles de vidas en cuestión de horas.

Si esto hubiera ocurrido, la zona de exclusión hoy no ocuparía un radio de 30 km, sino todo el continente. Los cálculos más dramáticos estiman que hubiera acabado con la vida de 50 millones de personas y que Europa entera hubiera quedado inhabitable para siempre.

Eso según los cálculos más pesimistas. Estudios recientes DESMIENTEN QUE EUROPA ENTERA QUEDARA DESOLADA, pero no dudan de la explosión hubiera sido mucho mayor que la que ya se produjo.

La cuestión es que el riesgo estaba ahí, y que sus consecuencias eran imprevisibles, así que, tras evaluar la situación, era necesario vaciar las piscinas subterráneas.

Y era una tarea suicida.

La función de las piscinas de seguridad, o piscinas de burbujas, situadas en los dos niveles inmediatamente por debajo del reactor, era contener agua por si fuera necesario refrigerar el reactor y evacuar el vapor procedente del mismo en caso de emergencia. 

LA VERDAD SOBRE EL ESCUADRÓN SUICIDA DE CHERNÓBIL

En condiciones normales no era una tarea complicada. Las esclusas se abrían con una sencilla orden al ordenador que gestionaba la central, pero con los sistemas de control destruidos, eso era imposible.

Así pues, la única manera de hacerlo era manualmente. El problema era que el sótano estaba inundado y las válvulas  dentro de la piscina, bajo el agua, cerca de un fondo lleno de escombros altamente radioactivos. Con este panorama, había que encontrar a tres voluntarios que entraran en los cimientos inundados del reactor, se adentraran en un oscuro pasillo lleno tuberías, válvulas y agua hasta las rodillas, localizaran la válvula que abriera las compuertas que dejaban pasar el agua acumulada y salvaran a Europa de poco menos que el apocalipsis. Y todo ello con un descomunal monstruo radioactivo sobre sus cabezas.

En Chernobyl, la exquisita serie de HBO, tres operarios de la central, Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se ofrecen voluntarios para ejecutar esa misión. Tal como muestra la dramática secuencia, los tres conocían perfectamente las consecuencias de ese trabajo. Aún así se resignaron una muerte segura. Y lo harían por el bien de millones de personas.

La historia que nos cuenta HBO, si bien es cierta, tiene sus matices. El relato contiene elementos de realidad y de algunas licencias cinematográficas. ¿Fueron voluntarios realmente? ¿fue un acto a ciegas?

Lo más probable es que fueran voluntarios. La gran mayoría de liquidadores eran conscientes de a lo que se enfrentaban al tener que lidiar con los efectos de la catástrofe, pero lo hicieron porque era su trabajo. Y lo cierto es que cuando se introdujeron en las cámaras lo hicieron con cierta cantidad de información. No fue un acto al azar.  

Gran parte de la leyenda que rodearía la historia del escuadrón suicida de Chernóbil vendría de la predisposición de los tres operarios para realizar la faena ¿Eran voluntarios? ¿Realmente sabían que iban a morir?

Según se relata en Chernobyl (HBO)., los tres se debían enfrentar a dosis absolutamente incompatibles con la vida humana. Una radioactividad tan agresiva y extraordinaria que su vida, con toda probabilidad, terminaría allí mismo.  Aún así, a sabiendas de una muerte casi segura se presentarían voluntarios. 

Andrew Leatherbarrow, el autor de Chernóbil 01:23:40 apunta a una versión no tan exagerada de los acontecimientos dramatizados en la serie, aunque no menos heroica… 

El escuadrón de la muerte de Chernóbil

El escuadrón suicida de Chernóbil caminando con equipamiento de submarinista por las profundidades del reactor. Con el agua hasta la cintura, y a oscuras, debían encontrar las válvulas de las compuertas y abrirlas. ( … así se recrea en HBO ).

Andrew Leatherbarrow, pasó más de cinco años investigando antes de escribier:  “1:23:40: La increíble y verdadera historia de la catástrofe nuclear de Chernóbil”,  Aquí ofrece una versión más aproximada de lo que pasó realmente. Sobre el escuadrón suicida de Chernóbil matiza un poco la versión más popular e idealizada de los hechos:  “La entrada al sótano, aunque peligrosa, no fue tan dramática como lo harían creer los mitos modernos” (…) “Quedaba algo de agua después de la misión de drenaje de los bomberos, hasta la altura de las rodillas en la mayoría de las áreas, pero la ruta era transitable”.

La realidad, según Leatherbarrow, es que Ananenko, Bezpalov y Baranov no fueron las únicas personas que se introdujeron en los compartimentos inundados. Tanto los equipos de bomberos como otros técnicos de la central habían trabajado durante los días previos para preparar la misión. Un equipo de bomberos intentó drenar el máximo de agua posible, logrando reducir la inundación a la altura de las rodillas. Otro equipo de técnicos había entrado para tomar mediciones de radiación y valorar si un ser humano sería capaz de entrar en el lugar para llevar a cabo la operación con éxito. 

Además, Ananenko y Bezpalov habían colaborado en la construcción e instalación del sistema de seguridad. Conocían su infraestructura, las canalizaciones principales y el punto exacto donde se encontraban las válvulas que abrían las compuertas que dejaban salir el agua. 

Baranov era la persona encargada de llevar la linterna para alumbrar a Ananenko y Bezpalov durante el camino.

Básicamente entraron ellos porque estaban cualificados. Allí desarrollaban su trabajo diario, por tanto,  conocían muy bien la planta y sabían cómo llegar hasta las válvulas que abrían las exclusas que vaciaban el agua acumulada.

Una de las cosas que Alexei Ananenko, contó en una entrevista fue que La información sobre la situación radioactiva en el corredor 001 (el que emplearían para acceder a las cámaras inundadas) me era conocida (…) Cuando entré en mi turno de trabajo, mi compañero me explicó que la última medición de radiactividad había sido tomada directamente desde el nivel del agua del corredor. Por supuesto, me es imposible recordar cuál fue el resultado de la medición, pero recuerdo mi sensación en aquel momento. Los números no parecían algo extraordinario. La situación radioactiva era la habitual para las centrales nucleares en mayo de 1986″.

Ananenko admite un lapsus de memoria tras haber aclarado sus borrosos recuerdos después de consultar con su colega Bespalov sobre lo que pasó durante el recorrido por las profundidades de Chernóbil:  a mitad de camino, se dieron cuenta de que no habían abierto todo el espectro de medición que tenía el dosímetro. Al activar el rango absoluto del medidor vieron que la radiación era extraordinariamente alta. Entonces se asustaron y se echaron a correr.  

LA MISIÓN ACABÓ DE LA MEJOR FORMA POSIBLE…

Sea como fuere, la misión acabó bien… Los tres hombres alcanzaron finalmente a las válvulas y las abrieron. 

Muchas de las historias que se contarían con el tiempo les daría por muertos, ya sea dentro del mismo pasillo o una vez fuera de la central. El desenlace que más fascina a la audiencia: el trágico destino de unos héroes sacrificados por una causa justa.

¿Y QUÉ ES LO QUE OCURRIÓ CON ELLOS?

La verdad es que, milagrosamente, ninguno de ellos murió. Recibieron unas dosis elevadísimas de radiación, incluso llegaron a notar el característico sabor metálico de la radiación en la boca, pero lo cierto es que no solamente no murieron a los pocos días, sino que los tres sobrevivieron.

Nada más finalizar la misión,  los llevaron al hospital para descontaminarlos y allí permanecieron durante un tiempo.

Ananenko, tal como salió del hospital volvió a Chernóbil como liquidador. Aquel era su lugar.

A día de hoy (2022) Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov  siguen vivos y viven en Ucrania. Boris Baranov murió en 2005 por culpa de un infarto.   

Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov fueron héroes. Pusieron en riesgo sus vidas para salvar a quién sabe cuántos millones de personas en el que habría sido uno de los mayores desastres de la historia de la humanidad. Los tres hicieron algo extraordinario en un lugar donde el heroísmo era una cosa corriente. Completaron su trabajo, sobrevivieron a una radiación que debería haberles matado y salvaron a buena parte de Europa de un desastre todavía mayor que el que ya se vivió.

Los liquidadores de Chernóbil

LOS LIQUIDADORES DE CHERNÓBIL, HÉROES A SU PESAR… 

Con rigurosidad pero sin ninguna pretensión docente, lo que viene a continuación no es sólo una respuesta a la pregunta básica sobre qué pasó realmente en Chernóbil, sino que también es la historia de sus verdaderos héroes:

Historias como las de los bomberos que, entre vómitos y diarreas,  subieron al mítico tejado de la central para apagar desde ahí el incendio, los pilotos que detenían sus helicópteros justo encima del reactor abierto para vaciar sobre él los compuestos de arena y boro, los mineros e ingenieros que trabajaron en los túneles, los hombres que retiraron del tejado unos escombros furiosamente radioactivos, los que evacuaron a la población, los grupos especiales de caza que patrullaban las ciudades, el campo y los bosques con escopetas para matar a todos los animales de la zona, los que demolieron pueblos enteros casa por casa y sepultaron sus escombros, los que limpiaban por las noches las máquinas y los vehículos cubiertos de polvo radioactivo o los miles de trabajadores y arquitectos que levantaron el sarcófago alrededor de la central nuclear…

Esta fue la clase de hombres, y no pocas mujeres, que algunos han señalado como turba ignorante y patética. Es más, casi todos sufrieron efectos secundarios de por vida, y gran parte de ellos murieron por enfermedades relacionadas directamente con la radiación.

Estos fueron los liquidadores de Chernóbil

26 de abril de 1986, el accidente de la central nuclear de Chernóbil  

La madrugada del 26 de abril de 1986, a las 1:23, una serie de explosiones destruyeron el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbil. Una prueba de seguridad mal ejecutada, culminó en el mayor desastre nuclear de la historia de la humanidad.

Central nuclear de Chernóbil

Vista aérea de la central nuclear de Chernóbil en una imagen tomada dos o tres días después del accidente. El reactor número 4 ardió durante 10 días, esparciendo hasta 200 toneladas de material radioactivo

Las víctimas directas fueron, sobre todo, los empleados de la central y los bomberos que trataron de contener el fuego. En el momento de la explosión murieron 2 trabajadores de la planta. Otros 29, entre trabajadores y bomberos, morirían en los dos meses siguientes. Todos recibieron enormes dosis de radiación y tenían quemaduras potencialmente mortales.

Más de 100.000 personas fueron casi inmediatamente evacuadas y una enorme nube radiactiva cubrió una gran parte de Europa. Nunca antes se había librado una guerra contra un enemigo invisible.

Minimizar los efectos de la catástrofe, además de requerir grandes esfuerzos, iba a suponer el sacrificio de muchas vidas humanas.

Los liquidadores de Chernóbil

El mismo día del accidente se inició un proceso masivo de contención y descontaminación en el que se estima que participaron unas 600.000 personas, aunque no existe un registro oficial de todos los participantes.

El nombre oficial de la operación de limpieza fue «liquidación de las consecuencias del accidente de Chernóbil».  Y a los obreros se les conoció como liquidadores.

Y tenían un trabajo imposible. 

Las partículas radiactivas, que son invisibles y no tienen sabor ni olor, lo contaminan todo y no pueden ser destruidas. Sólo enterradas o selladas. Con esa finalidad, los liquidadores no sólo recogieron residuos radioactivos, sino que arrasaron cultivos, talaron bosques, mataron animales o enterraron pueblos enteros. 

Los primeros en llegar al reactor siniestrado fueron los bomberos y el personal militar de la central nuclear, junto con los bomberos de las ciudades vecinas de Prípiat y Chernóbil.

Para limpiar los residuos radioactivos que se encontraban dispersos por la zona, las autoridades soviéticas movilizaron personal militar y civil:  oficiales, soldados, reservistas, bomberos, científicos, tropas terrestres y aéreas, ingenieros de minas, geólogos, mineros del uranio y cualquier tipo de especialista de la industria nuclear.

También se reclutó a todo un ejército de voluntarios dispuestos a ayudar. 

Liquidador Chernóbil

Grupos de liquidadores limpiando las capas de polvo radioactivo que lo cubrían todo.

Héroes pero también víctimas

Muchos de los liquidadores se expusieron a dosis letales de radiación. Durante los meses posteriores a la catástrofe, los liquidadores desbordaron los hospitales de todo el país. Algunos murieron en horas o semanas… Otros asumirían algún tipo de discapacidad crónica.

No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de la que tuvieron bien poca. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tenía que hacer ese trabajo. El resignado Boris Shcherbina de Chernobyl (HBO) apela a la responsabilidad de los 3 trabajadores de la central que tenían que vaciar las piscinas subterráneas:  “Porque hay que hacerlo…”

Un ejército que actuó con determinación y responsabilidad

Se ha escrito mucho sobre los liquidadores de Chernóbil. Muchas opiniones van en la línea de que fueron engañados con promesas o algún tipo de incentivo para ellos o sus familias. De que desconocían el riesgo que corrían.

En contra de los que muchos piensan, los liquidadores no eran, ni mucho menos, una pandilla de ignorantes que se limitaban a cumplir órdenes a ciegas. Es de ineptos  imaginar que un ejército así hubiera hecho un trabajo tan extraordinario con tanta determinación y responsabilidad. Esas personas sacrificaron sus vidas para que toda Europa no se convirtiera en un solar. Soportaron calor, hambre y sed para asegurar el fuego y contener la radioactividad que estaba en todas partes. Mataron animales ( el polvo radiactivo se podía almacenar en su pelaje y propagarse allá donde fueran. Sellaron casas y sepultaron pueblos enteros.

Y sí, conocían el riesgo que corrían, al menos en parte. Nadie en su sano juicio ignora los peligros de un reactor nuclear destrozado cuyo contenido ves brillar ante tus ojos. Los liquidadores acudieron, sabían lo que tenían ante sí, y a pesar de ello realizaron su trabajo de manera heroica hasta el estremecimiento.

Salvo a los soldados, sometidos a disciplina militar, a nadie se le prohibía coger sus cosas e irse si no quería seguir allí. Y casi nadie lo hizo. Es más, muchos de ellos llegaron como voluntarios desde toda la URSS, especialmente muchos estudiantes y posgraduados de las facultades de física e ingeniería nuclear.

La extinción del incendio

“No vi la explosión. Sólo las llamas. Todo parecía iluminado. El cielo entero… Unas llamas altas. Y hollín. Un calor horroroso. Y él seguía sin regresar. El hollín se debía a que ardía el alquitrán; el techo de la central estaba cubierto de asfalto. Sobre el que la gente andaba como si fuera resina. Sofocaban las llamas y él, mientras reptaba. Subía hacia el reactor. Tiraban el grafito ardiente con los pies… Acudieron allí sin los trajes de lona; se fueron para allá tal como iban, en camisa. Nadie les advirtió; era un aviso de un incendio normal”.

Testimonio de Ludmila Ignatenko, esposa del bombero fallecido Vasili Ignatenko. Extraído de VOCES DE CHERNÓBIL, Svetlana Alexiévich.

    Los bomberos

    El primer paso para la liquidación del accidente fue controlar y extinguir el incendio en el reactor.

    Los primeros en llegar fueron los bomberos y el personal militar de la central nuclear, junto con los bomberos de las ciudades vecinas de Prípiat y Chernóbil. Durante las primeras horas, desconocían que había estallado el reactor. Y no lo sabían porque nadie lo sabía. La misma lógica errónea de los responsables de la instalación que provocó el accidente les hizo creer que había estallado el intercambiador de calor, no el reactor, y así lo informaron tanto al personal que acudía como a sus superiores. 

    Ignorando las causas del incendio, acudieron sin equipos de protección especial y se movieron libremente por toda la zona, absorbiendo dosis mortales de radiación. Vertieron millones de litros de agua sobre las entrañas ardientes del ruinoso reactor, lo que contribuyó a empeorar las consecuencias del siniestro, pues el agua se vaporizaba instantáneamente al tocar el núcleo fundido y salía disparada hacia la estratosfera en forma de grandes nubes de vapor que el viento arrastraba en todas direcciones.

    Aún en esas condiciones, el comportamiento heroico de los bomberos durante las tres primeras horas del accidente evitó que el fuego se extendiera al resto de la central. Casi todos ellos murieron fulminantemente a las pocas horas. Ellos fueron los primeros liquidadores y los primeros héroes de Chernóbil. 

    Los primeros síntomas de la radiación eran vómitos, náuseas y diarrea, que preceden a un periodo de latencia. Un tiempo después aparecían síntomas más graves, como el deterioro de la médula ósea y unas terribles quemaduras que agujereaban la carne hasta el hueso.

    2 trabajadores de la planta murieron en la explosión del reactor. 27 pacientes, entre trabajadores y bomberos, fallecieron en el hospital durante las primeras horas. Todos recibieron enormes dosis de radiación y tenían quemaduras potencialmente mortales.

    DURANTE 15 AÑOS, LAS AUTORIDADES SÓLO RECONOCIERON AQUELLAS PRIMERAS 28 VÍCTIMAS. 

    Los helicópteros

    El primer acercamiento en helicóptero evidenció la magnitud del desastre. En el núcleo, expuesto a la atmósfera, el grafito ardía al rojo vivo, mientras que el material combustible y otros metales se habían convertido en una masa líquida incandescente. La temperatura alcanzaba los 2.500 °C y en un efecto chimenea, impulsaba el humo radiactivo a una altura considerable.

    Al tercer día, una flota de más de 800 helicópteros despegó de Moscú con la misión lanzar sobre el ardiente núcleo del reactor toneladas de boro y arena para enfriarlo. Debían sofocar el fuego y sellar el reactor para limitar las emisiones radioactivas que se expandían por el aire.  Sólo entonces podrían empezar con el resto de las labores.

    Pero sobrevolar el reactor era imposible. Las fuertes corrientes de aire radioactivo procedentes de la central impedían hacerlo con seguridad, así que se las tuvieron que ingeniar para lanzar acertadamente las 6.000 toneladas de arena y boro que tenían que sofocar el grafito ardiente y absorber los aerosoles radioactivos. 

    Cada día se realizaban cientos de vuelos sin descanso. En uno de esos vuelos, un helicóptero chocó contra una grúa y cayó en el mismo boquete del reactor. Tanto el aparato como sus tripulantes continúan allí.

    600 pilotos recibirían dosis letales de radiación. 

    El agujero finalmente se cerró, pero bajo el gigantesco tapón, seguía habiendo toneladas de combustible nuclear ardiendo. Habían cubierto el fuego, pero lo no lo habían sofocado, así que sobrevolar el reactor en helicóptero no bastaba… Tenían que acercarse más. 

    El problema del agua escancada

    Cuando el fuego quedó extinguido por fin, no sólo había pasado la contaminación al aire, sino que ahora tenían un gran problema en las piscinas de seguridad bajo el reactor: la gran cantidad de agua acumulada bajo el reactor. 

    Una fotografía aérea reveló que había grietas en lo que quedaba del núcleo del reactor.  Y es que, a estas alturas del siniestro, el bloque de cemento que había por debajo de la masa incandescente surgida tras la explosión corría el riesgo de resquebrajarse y filtrar la lava hacia las aguas estancadas en el sótano del edificio. Básicamente, el peso del magma provocaría que la estructura del reactor cediera, empujando la lava radioactiva hacia las cámaras subterráneas, ahora inundadas.

    Y en el edificio había suficiente cantidad de ambos materiales como para volar toda la planta de Chernóbil

    Es decir, si el magma entraba en contacto con el agua se desencadenaría una reacción en cadena que podría causar una segunda explosión de vapor mucho más devastadora que la primera. Toda la radioactividad de la central nuclear más potente de Europa liberada. Una explosión que acabaría también con los otros tres reactores. Una detonacCapaz de expandir la contaminación radioactiva irremediablemente por todo el continente europeo y de cobrarse miles de vidas en cuestión de horas.

    Si esto hubiera ocurrido, la zona de exclusión hoy no ocuparía un radio de 30 km, sino todo el continente. Los cálculos más dramáticos estiman que hubiera acabado con la vida de 50 millones de personas y que Europa entera hubiera quedado inhabitable durante los próximos 500.000 años.

    Tras evaluar la situación, era necesario vaciar las piscinas subterráneas.

    Y era una tarea suicida.

    La función de las piscinas de seguridad, o piscinas de burbujas, situadas en los dos niveles inmediatamente por debajo del reactor, era contener agua por si fuera necesario refrigerar el reactor y evacuar el vapor procedente del mismo en caso de emergencia. 

    En condiciones normales no era una tarea complicada. Las esclusas se abrían con una sencilla orden al ordenador que gestionaba la central, pero con los sistemas de control destruidos, eso era imposible.

    Así pues, la única manera de hacerlo era manualmente. El problema era que el sótano estaba inundado y las válvulas  dentro de la piscina, bajo el agua, cerca de un fondo lleno de escombros altamente radioactivos. Con este panorama, había que encontrar a tres voluntarios que entraran en los cimientos inundados del reactor, se adentraran en un oscuro pasillo lleno tuberías, válvulas y agua hasta las rodillas, localizaran la válvula que abriera las compuertas que dejaban pasar el agua acumulada y salvaran a Europa de poco menos que el apocalipsis. Y todo ello con un descomunal monstruo radioactivo sobre sus cabezas.

    Los mineros

    Una vez solucionado el problema del agua, había que aproximarse al reactor por la única vía posible, la subterránea. Ahora el país necesitaba mineros.

    El 12 de mayo de 1986, los mineros de Tula, una población a 100km de Chernóbil, recibieron la visita de una representante del Kremlin con el encargo de excavar un túnel desde el bloque 3 al bloque 4 y luego construir una cámara para colocar un complejo dispositivo de refrigeración con nitrógeno líquido para enfriar el reactor.

    En 24h se pusieron a trabajar, y en un mes llegaron 10.000 trabajadores de las regiones mineras de Rusia y Ucrania para construir el túnel.  Sus edades estaban comprendidas entre los 20 y los 30 años. 

    Para reducir su exposición, los mineros tenían que llegar a los 12m de profundidad antes de iniciar el camino hacia el reactor incendiado. El túnel no tendría ventilación y en su interior se alcanzarían temperaturas de hasta 50°C, con una radioactividad de al menos 1 roentgen por hora. Tenían que trabajar muy rápido, sin equipos de protección, con falta de oxigeno y con un calor abrasador.

    Los mineros cumplieron con su misión pero el sistema de refrigeración nunca se llegó a instalar. El espacio subterráneo para tal fin se llenó con cemento para reforzar la estructura.

    Oficialmente se dijo que cada uno de aquellos hombres recibió una radiación de entre 30 y 60 roentgens, pero se cree que, en realidad, podría haber sido hasta 5 veces superior. Una cuarta parte de ellos murió alrededor de los 40 años de edad. 2500 vidas sacrificadas que no aparecerían en ninguna estadística. 

    El sarcófago

    Ocho semanas después de la explosión, los liquidadores abordaron otro problema fundamental.

    Aunque a estas alturas el fuego en la central nuclear parecía estar bajo control, las ruinas del reactor y las toneladas de escombros altamente radioactivos todavía estaban expuestos a los elementos. Era extremadamente urgente que se cubriera la estructura y se limpiara la zona.

    Los organismos oficiales soviéticos decidieron construir un sarcófago especial. Una colosal estructura de acero  y hormigón que aislara el reactor accidentado. Un reto monumental de 170 metros de largo t 66 de alto, blindado con 100.000 de hormigón, que había que levantar en un lugar dónde los trabajadores sólo podían permanecer unos minutos para no recibir una dosis mortal de radiación. Otra situación en la que había que improvisar y poner en riesgo nuevas vidas. 

    La radioactividad era tan alta en ese sector, que sólo podían trabajar máquinas por control remoto, aunque alguien las tenía que llevar hasta allí primero. Así que los conductores dejaban las máquinas a 20 metros del reactor destruido y volvían corriendo a refugiarse en un rudimentario camión blindado con plomo.

    Pero, de nuevo, surgió un problema que paralizó las obras…

    El tejado de la central y los bio-robots

    El tejado de la central estaba cubierto de trozos de grafito altamente contaminado y tenían que deshacerse de él antes de continuar con la construcción de la estructura.

    El grafito envolvía las barras del reactor y salió despedido con la explosión. Uno sólo de esos pedazos emitía radiación suficiente como para matar a alguien en menos de una hora.

    Encima del tejado, la radiación era demasiado alta, por lo tanto, sólo se podían utilizar robots teledirigidos.  Estos empujarían  los escombros con los pedazos de grafito hasta el suelo, 60 metros más abajo. Allí otros robots los recogerían y los enterrarían en zanjas.

    Y lo hicieron hasta que, con el tiempo, los robots dejaron de funcionar. La radioactividad afectaba también a sus circuitos electrónicos, volviéndolos locos y paralizándolos. Hasta uno de ellos se precipitó al vacío.

    Las máquinas ya no eran útiles, así que se decidió llevar a hombres, que fueron bautizados como bio-robots.

    Los liquidadores de chernóbil

    Soldados trabajando sobre el tejado del reactor

    Los liquidadores de chernóbil

    Robots como este, quedaron inutilizables debido a la radiación.

    Cuando sonaba la sirena, los equipos de bio-robots se apresuraban a entrar en el tejado para recoger con una pala los escombros radioactivos con la mayor rapidez posible y lanzarlos al vacío. Los relevos se hacían cada 10 minutos y cada soldado sólo podía permanecer en el tejado unos 45 segundos, el tiempo justo para arrojar dos paladas de residuos cada vez. 

    El infierno duró dos semanas y media y, según las autoridades, en la limpieza del tejado participaron unas 3.500 personas. Algunos subieron hasta 5 veces. 

    Lo más terrible es que estos hombres arriesgarían sus vidas para reducir la radiación en el tejado sólo un 35%

    Durante la operación aérea en Chernóbil, al menos 600 pilotos quedaron mortalmente contaminados por la radiación (algunos de ellos hicieron más de 30 vuelos en un mismo día). 

    El infierno duró dos semanas y media y, según las autoridades, en la limpieza del tejado participaron unas 3.500 personas. Algunos subieron al tejado hasta 5 veces.

    A finales de octubre, la limpieza había concluido y el sarcófago hermético estaba terminado. Calcularon una vida útil de 30 años. En la operación participaron más de 5.000 personas, civiles y militares. Como acto simbólico se colocó una bandera de la URSS en lo alto del edificio. Una representación del triunfo sobre la radioactividad.

    Una victoria agridulce, puesto que el país nunca se recuperaría.

    Sarcófago Chernóbil

    El desastre de Chernóbil, ¿Qué es lo que pasó realmente?

    EL DESASTRE DE CHERNÓBIL, ¿QUÉ ES LO QUE PASÓ REALMENTE? 

    Seguramente todos conocemos Chernóbil como el peor accidente nuclear de la historia hasta el momento. Pero sólo sabemos eso, que fue una fatalidad. 35 años después, Chernobyl, la excepcional miniserie de HBO, ha vuelto a traer a la actualidad el accidente que en 1986 conmovió al mundo y, para muchos, entre los que me incluyo, ha sido una auténtica revelación mística que ha generado  una curiosidad hipnótica sobre todo lo que tiene que ver con la explosión y sus consecuencias.

    Con rigurosidad pero sin ninguna pretensión docente, lo que viene a continuación es un relato básico sobre qué pasó realmente en Chernóbil.

    Central nuclear de Chernóbil

    Vista aérea de la central nuclear de Chernóbil en una imagen tomada dos o tres días después del accidente. 

    Lo que pasó en Chernóbil

    Antes de nada, hay que decir que la energía nuclear es una ciencia que escapa a la mayoría del conocimiento de las personas. Es muy difícil de comprender  y lo que ocurrió aquella madrugada de abril es en parte una incógnita. La mayoría de documenteo se destruyeron o se perdieron tras la caída del Muro de Berlín. 

    Básicamente, lo que pasó realmente en Chernóbil se podría resumir en una frase: “Todo lo que pudo salir mal, salió mal”

    Prípiat, 25 de abril de 1986

    El 25 de abril de 1986, amanece como un hermoso día de primavera en Prípiat, una localidad al norte de Ucrania, a 18 km de la ciudad de Chernóbil y a 17 km de la frontera con Bielorrusia. Construida en 1970 para el personal de la central nuclear y sus jóvenes familias, en pocos años se convirtió en una de las ciudades más modernas y agradables de la Unión Soviética.

    A diferencia de otras ciudades de la URSS, como San Petersburgo, Kiev o Moscú, Prípiat no existía antes de la Revolución Rusa. Se creó en años de cierta bonanza económica, en 1970, por lo que podía presumir de cumplir con el estereotipo de ciudad auténticamente soviética: limpia, ordenada, ajardinada y segura. 

    Con una edad promedio de 26 años, tenía todo lo que representaba el sueño utópico del desarrollismo socialista. Disponía de todos los lujos de una ciudad próspera:  estación de trenes, puerto, hospital, centro de cultura, piscina pública, gimnasio, cine, hotel, escuelas, sala de conciertos, restaurantes, comisaría de policia, estación de bomberos… y más de 10 guarderías. Hasta un parque de atracciones a punto de estrenarse el 1 de mayo.

    El plan era que Prípiat fuera una de las ciudades más bellas de toda Ucrania, con enormes avenidas y grandes edificios de apartamentos de hasta de 16 pisos de altura, con una gran distancia entre uno y otro, para poder albergar áreas comunes con abundante vegetación.

    La central nuclear Vladimir Ilich Lenin, a sólo 3 km, era una fuente de orgullo para los muchos residentes que se desplazaban hacia allí para trabajar. La propaganda soviética la presentaba como un logro nacional bajo el eslogan: “átomo pacífico”.

    El panorama pues, era próspero. Una prosperidad que muy pronto se vería truncada. Al finalizar ese día las vidas de los casi 50.000 vecinos de Prípiat quedarían destrozadas para siempre.

    Prípiat
    Prípiat
    Prípiat Sign

    Ahora, para saber lo que ocurrió exactamente aquel 26 de abril de 1986, lo mejor es empezar por el principio…

    Durante los 80, la Unión Soviética libraba una dura batalla contra los EE.UU. Una guerra sin frentes, sin disparos… Una auténtica guerra fría que le obligaba a disponer de una fuerza militar descomunal. El inmenso territorio del país y su población necesitaban un gran suministro de energía y una gran parte de esta la producían las decenas de centrales nucleares que tenían repartidas por toda la geografía del país. 

    ¿Cómo funciona una central nuclear? 

    En una central nuclear como la de Chernóbil, la energía se obtiene a través de un proceso conocido como FISIÓN NUCLEAR, donde el núcleo de un átomo pesado, como el del uranio, al capturar un neutrón incidente, se divide en dos o más núcleos de átomos más ligeros, dando lugar a la liberación de los neutrones contenidos en él, así como otros subproductos radioactivos. 

    El núcleo que captura el neutrón incidente se vuelve inestable y, como consecuencia, se produce su escisión en fragmentos más ligeros, dando lugar a una situación de mayor estabilidad.

    En la reacción de fisión los neutrones liberados por un átomo inciden sobre otros núcleos fisionables, provocando que también se divida su átomo, desencadenando más reacciones de fisión que a su vez generan más neutrones. Este efecto multiplicador se conoce como REACCIÓN EN CADENA.

    Fision-nuclear

    Toda esta secuencia desprende un calor que provoca que el agua se transforme en vapor, cuya fuerza mueve las turbinas necesarias para la generación de la energía eléctrica.

    Para que este ciclo sea más eficiente es necesaria la utilización de otros elementos, como los reflectores de grafito, que aseguran que los neutrones que se han liberado y no han afectado a ningún átomo vuelvan al proceso y participen en la reacción en cadena. También es importante la intervención de un refrigerante que evite sobrecalentamientos, así como unas varillas de control, fabricadas a base de componentes capaces de absorber los neutrones.

    La utilización de energía eléctrica es necesaria para que haga funcionar los diferentes elementos que intervienen en el ciclo la fisión nuclear él, como la sala de control o las turbinas que mueven el líquido refrigerante y el agua. En condiciones normales, para ello se utiliza la propia energía de la central, pero en caso de que esta no sea suficiente por algún motivo se debe utilizar un suministro externo.

    La central nuclear de Chernóbil 

    Central Nuclear de Chernóbil

    “La Central Nuclear de Chernóbil” recibió el nombre oficial de CENTRAL NUCLEAR VLADIMIR ILICH LENIN y fue construida en el margen derecho del río Prípiat, a 15 km de la ciudad de Chernóbil.

    En el momento de la catástrofe, el complejo nuclear disponía de cuatro reactores activos y suministraba el 10% de la electricidad de toda Ucrania. El número 4, recién inaugurado, era el orgullo de la ingeniería nuclear soviética y convertía a Chernóbil en la central nuclear más potente de toda Europa. 

    Dos reactores más, el 5º y el 6º, estaban en construcción y después del accidente se detuvieron las obras. Más adelante se tomó la decisión de no completarlos.

    EL REACTOR NÚMERO 4 

     

    El corazón del reactor número 4, un model MBMK-1000 es un cilindro octogonal de 14 metros de altura y 7 de anchura, con una tapa de 1200 toneladas de robusta cerámica.

    En su interior se encuentran varias barras de grafito, por las que fluye el combustible nuclear. Estas barras son el acelerador y el freno del proceso de fisión nuclear. Si se suben las barras, la potencia aumenta. Si se bajan, el proceso se detiene.  

    Sala de control del Reactor número 4 de Chernóbil. Madrugada del 26 de abril de 1986

    Esa noche iba a tener lugar una prueba de seguridad básica. Una prueba que llevaba posponiéndose 3 años. Consistía en simular un fallo en el suministro eléctrico para comprobar si el reactor era autosuficiente. Si era capaz de generar su propia energía y seguir funcionando. 

    El ensayo consistía en comprobar si al bajar el rendimiento del reactor y eliminar el suministro eléctrico, la inercia de las turbinas era suficiente como para mantener la actividad hasta que se activara el generador de emergencia.

    Esa noche, Leonid Toptunov era el encargado de manejar las barras de control, Aleksandr Akimov estaba al cargo del turno nocturno y Anatoli Diatlov era el ingeniero jefe en funciones.

    CRONOLOGÍA DEL DESASTRE DE CHERNÓBIL

    La tragedia, ocurre de madrugada. 

    El 26 de abril de 1986, a la 1:15, Leonid Toptunov baja la mayoría de barras de grafito hasta poner el reactor nº 4 al 20% de su potencia total, simulando así, de forma controlada, ese posible fallo en el suministro eléctrico.

    La prueba comenzaba.

    Todo transcurre según lo previsto hasta que a los 10 minutos, la potencia del núcleo del reactor, de por sí ya baja, comienza a decrecer. Ese pequeño contratiempo no preocupa demasiado a los ingenieros. Toptunov sube unas cuantas barras de grafito y la potencia se vuelve a estabilizar.

    En ese momento desconocen que en la tapa del reactor ha empezado a acumularse una peligrosa cantidad de gas Xenón, uno de los subproductos del proceso de fisión nuclear. Este gas impide que fluya el combustible nuclear haciendo que baje todavía más la temperatura del reactor.

    Suena la primera alarma: la potencia continua bajando por momentos y el reactor puede desestabilizarse.

    Los ingenieros no saben exactamente lo que está pasando y debaten sobre lo que tienen que hacer, si abortar la prueba de inmediato o seguir adelante a pesar de la creciente inestabilidad del reactor. A estas horas de la madrugada, tampoco saben a quién pedir consejo.

    El ingeniero jefe, Anatoli Diatlov, acaba de ser ascendido y el fracaso de la prueba no agradará a sus superiores, así que decide, asumiendo todos los riesgos, seguir adelante.

    Para estabilizar el reactor, Diatlov da la orden de subir casi todas las barras de grafito, algo que, en circunstancias normales, sin la contaminación del gas Xenón, pondría al límite el reactor.

    A la 1:18 han conseguido que la potencia aumente. El núcleo se ha estabilizado per aún se encuentra a un 12% de su capacidad, muy por debajo del 20% necesario para que empiece la prueba definitiva. A pesar de todo, Diatlov da la arriesgada orden de comenzar.

    Para  ello hay que desactivar el mecanismo de detección automática, el sistema que evita que el reactor aumente a temperaturas de fusión y pueda explotar. Toptunov y Akimov se niegan. Es demasiado peligroso.

    Diatlov, finalmente, es quién desactiva el mecanismo para que dé comienzo la prueba.

    Es entonces cuando el gas Xenón de la tapa del reactor se disuelve y toda esa cantidad de energía que antes no se producía comienza a generarse… Treinta y seis segundos después, a la 1:21, las alarmas empiezan a sonar en la sala de control. Los ingenieros no dan crédito a lo que ven. Se ha disparado críticamente la potencia en el núcleo del reactor y está empezando a alcanzar temperaturas de fusión.

    Los ingenieros detienen el proceso de inmediato, pero ya es inútil. Se ha producido una reacción en cadena. La temperatura y la potencia del reactor han superado su capacidad y se esta sigue multiplicándose por segundos.

    Toptunov, en un intento desesperado, corta el suministro eléctrico para que las barras de grafito caigan por su propio peso y dejen de producir energía, pero debido al calor extremo, estas se han dilatado y se han quedado encalladas, por lo que el reactor sigue recibiendo combustible nuclear.

    Es sólo cuestión de tiempo que el reactor no aguante más.

    A la 1 horas 23 minutos se produce una primera detonación. En un instante todo el agua de refrigeración del interior del contenedor del núcleo se evapora, la presión se eleva repentinamente y se produce una explosión de vapor que rompe los muros de contención del reactor. Dos o tres segundos más tarde se produce otra mucho más violenta. El aire del exterior entra en la vasija y reacciona con las 2500 toneladas de grafito del reactor. Esto provoca una gran explosión que hizo saltar por los aires las 1200 toneladas de la tapa del reactor, destruyendo el edificio y expulsando violentamente a la atmósfera 50 toneladas de combustible nuclear, grafito y escombros radioactivos. 

    Este video explica de manera didáctica cómo se produjo el accidente de la Central Nuclear de Chernóbil. 

    La Central era, en ese momento una infraestructura moderna, potente y bastante segura para los estándares de la Unión Soviética. Básicamente, lo que ocurrió allí era que se hizo una prueba de seguridad que no tenía ningún sentido, un experimento mal ejecutado que culminó en el mayor desastre nuclear de la historia de la humanidad. 

    La nube radioactiva 

    En seguida asomó por la brecha abierta un resplandor de color azul que ascendió cientos de metros hacia el cielo. En Chernobyl (HBO), ese brillo azulado es, para Legasov, a su llegada en helicóptero a la zona cero, la dramática confirmación de que el núcleo de la central ha quedado expuesto. Y es que para el director adjunto del Instituto Kurchatov de Energía Atómica, no se trata de unas luces cualquiera, estaba observando el efecto Cherenkov.

    ¿La explicación del efecto Cherenkov que menciona Dyatlov en la serie podría ser incorrecta?. Este artículo ofrece matices sobre la visión de HBO sobre el efecto Cherenkov.

    El reactor número 4 ardió durante 10 días, esparciendo una cantidad dramática de material radioactivo. Se estima que la liberación de partículas contaminante fue unas 500 veces superior a las que expulsó la bomba atómica de Hiroshima y que afectó a todas las formas de vida en un radio de 500 km alrededor de la planta.

    Durante el 26 y el 27 de abril, la nube radioactiva recorrió más de 1000 km sobre suelo ruso, llegando a Bielorrusia y las repúblicas bálticas.

    La explosión expulsó sustancias radioactivas a una altitud de 1,5 kilómetros. Los vientos del sureste se encargaron de arrastrar la nube tóxica hasta Escandinavia, donde llegó el 28 de abril.

    Los territorios más afectados fueron los de Ucrania y Bielorrusia, que decidieron evacuar partes de sus países de forma permanente. 

    NO HAY LUGAR EN EL MUNDO DONDE, EN UN MOMENTO U OTRO, LAS NUBES DE CHERNÓBIL NO ESTUVIERAN PRESENTES

    En este video se puede apreciar cómo se fue extendiendo esta nube.

    Un cúmulo de despropósitos

    Ahora sabemos que el desastre de Chernóbil fue el resultado de un cúmulo de errores humanos sumados a un diseño deficiente de la central, pero también fue una coincidencia. Se suponía que el ensayo iba a ser realizado en el turno de día por un equipo especialmente entrenado para realizar ese tipo de verificaciones. Sin embargo, este se aplazó durante 9 horas por una serie de incidencias externas. El retraso hizo que el experimento se llevara a cabo en el turno de noche por otro grupo de operarios que no estaba preparado para la prueba.

    Las fotografías del desastre de Chernóbil:  Igor Kostin

    No hay muchas fotografías del desastre de Chernóbil, ya que los carretes se vieron afectados por la terrible radiación que el reactor emitía al exterior. Las primeras imágenes fueron captadas por la cámara del fotógrafo Igor Kostin, uno de los pocos fotógrafos que fueron autorizados a cubrir la catástrofe y pudo vivir para contarlo. 

    Esta es la primera imagen del desastre, que fue tomada la mañana del sábado. En ella se aprecia el reactor número 4 destrozado. Un enorme agujero muestra que el núcleo se ha volatilizado.

    El elevado grano de la imagen está producido por la radioactividad presente en el ambiente. 

    Central nuclear de Chernóbil. Fotografía de Igor-Kostin

    Los heridos

    Desde el primer día, las víctimas inmediatas, más de 200 sólo durante los 3 primeros días, se trasladaron al hospital número 6 de Moscú. Este era el único en el que había una unidad especializada en dolencias y enfermedades relacionadas con una gran exposición a la radioactividad. Muchos de los heridos terminaron agonizando y muriendo por los efectos devastadores de la radiación.

    Prípiat, tras el accidente

    Al amanecer, Prípiat dormía. La central llevaba ardiendo más de cinco horas y la población todavía no tenía noticias del desastre. Los soldados, provistos de máscaras y uniformes de seguridad, se cruzaban con los más madrugadores, a los que nadie avisó sobre la amenaza de contaminación radioactiva.

    20 horas después de la explosión los habitantes de Prípiat seguían sin  recibir información sobre el accidente y sus consecuencias. Durante todo este tiempo tenían que haberse quedado en sus casas, con las ventanas y las puertas cerradas. Y se les tendría que haber proporcionado pastillas de yoduro, que les hubieran ayudado a contrarrestar los efectos de la radiación.

    Nada de eso ocurrió. 

    Los últimos días de Prípiat

    La radiación no se puede ver, no se puede oler, no tiene sabor… Además, las personas no suelen presentar  síntomas de la enfermedad por radiación hasta que  ya es demasiado tarde. 

    En aquellos tiempos, la unidad que empleaba la URSS para medir la radiación era de un Roentgen. Los niveles atmosféricos normales se situaban alrededor de 12 millonésimas partes de 1 roentgen (0,0000012) y se cree que el ser humano puede absorber hasta 2 roentgen de radiación al año sin verse afectado. Para el organismo, la exposición es mortal si supera los 400 roentgens (R)

    En Prípiat, a primeras horas de la tarde, las lecturas estaban 15.000 veces por encima de lo normal… Al anochecer, 600.000.

    Sólo en ese primer día, los habitantes de Prípiat recibieron una dosis 50 veces superior de la que se considera inofensiva. A ese ritmo, habrían estado expuestos a una dosis letal en 4 días.

    La evacuación

    La evacuación de Prípiat tuvo lugar durante la tarde del 27 de abril de 1986. Por fin, 36 horas después de la explosión se empezaron a tomar medidas, aunque muchos de los habitantes de Prípiat ya estaban fuertemente irradiados. A esas horas, habían estado expuestos a dosis tan altas de radiación que muchos de ellos padecerían graves secuelas en el futuro. 

    Las autoridades dieron órdenes de evacuar la ciudad antes de las 14h. Para evitar que la población fuese presa del pánico, mintieron sobre la gravedad de la situación. 

    6 de Abril, 1986 a las 13:10, las autoridades hicieron el siguiente anuncio a través de los altavoces:

    ¡Para la atención de los residentes de Prípiat!  Estimados camaradas, el Ayuntamiento informa que debido al accidente en la central nuclear de Chernóbil, la radiactividad ha evolucionado a niveles adversos. Miembros del Partido Comunista y cuerpos de policía están tomando las medidas necesarias para combatir este problema. No obstante, para garantizar la absoluta seguridad y salud de la población, en especial, la de los niños, es necesario evacuar temporalmente a todos los habitantes de las ciudades más cercanas de la región de Kiev.

    Por estas razones, el 27 de abril de 1986, a partir de las 14:00 horas, cada bloque de pisos tendrá un autobús a su disposición, supervisado por personal militar y  representantes  del comité ejecutivo del partido. Se recomienda llevar consigo: documentos, artículos de primera necesidad y comida para los primeros momentos. Los representantes de las instalaciones públicas e industriales de Prípiat han designado el personal que deberá quedarse para asegurar el normal funcionamiento de la ciudad. Durante el tiempo que dure la evacuación todas las viviendas estarán protegidas por personal militar.

    Camaradas, al dejar temporalmente sus casas, por favor,  no olviden apagar la luz, desconectar los aparatos electrónicos y gas, cortar el agua y cerrar las ventanas.  Por favor, mantengan calma y orden a lo largo de este proceso de  evacuación temporal.

    A los habitantes de Prípiat se les dieron unas pocas horas para recoger sus cosas y esperar junto a sus casas. Sólo podían llevar consigo lo imprescindible. Nadie les dijo cuánto tiempo estarían fuera de sus hogares.

    Las mascotas se debían quedar en la ciudad.

    El ejército movilizó 1200 autobuses, cientos de camiones, algunos barcos y varios trenes. En 3 horas y media, la ciudad estaba desierta. Las únicas personas que quedaron en aquella ciudad  fantasma fueron los militares y los miembros de la delegación de científicos, que se alojaron en el hotel Prípiat e, inconscientes del peligro, comieron, durmieron y trabajaron en la propia ciudad.

    El éxodo no acabó en Prípiat. Más adelante se empezaron a evacuar a todos los pueblos alrededor del reactor. Primero Chernóbil y más tarde todas las localidades en un área de 30 km alrededor de la central.

    Una zona que se delimitaría, se militarizaría y se olvidaría. Una región entera que permanecerá sin vida durante miles de años. Se le llamaría LA ZONA DE EXCLUSIÓN.

    Evacuación Pripyat
    Buses Chernóbil

    La cola formada por los autobuses alcanzaba los 25 kilómetros.   En 3 horas la ciudad quedaría vacía para siempre. 

    A partir de entonces, una extensa región de Bielorrusia y Ucrania se mantendría aislada del resto del mundo. Sus 130.000 habitantes, muchos de ellos ya contaminados, quedaron absolutamente desarraigados. Sin tierra ni pertenencias. Todo un mundo que desapareció en unos pocos días a causa de un misterioso enemigo invisible.

    El silencio de las autoridades soviéticas

    La Unión Soviética, en los años ochenta vivía un momento de crisis económica y estaba muy cerca de una crisis política. La reacción de se dio en ese momento, en plena guerra fría fue tratar de evitar que occidente se enterara de que había habido un accidente de esas magnitud. En ese contexto, todo lo relacionado con el desastre fue manejado con absoluta discreción. Incluso ocultándolo a la propia población

    No fue hasta dos días después de la explosión, que las autoridades soviéticas no informaron sobre el accidente en Chernóbil. Tuvieron que hacerlo público porque una planta nuclear sueca captó los altos niveles de radiación.

    Lo hicieron con una breve nota que se leyó en el telediario nocturno:  “Ha ocurrido un accidente en la central nuclear de Chernóbil y uno de los reactores ha resultado dañado. Se toman medidas para eliminar las consecuencias de la avería. Las víctimas reciben ayuda. Se ha creado una comisión gubernamental”.

    Los liquidadores de Chernóbil, héroes a su pesar

    Para limpiar los residuos radioactivos que se encontraban dispersos por la zona, las autoridades movilizaron a unos 200.000 soldados y unos 400.000 civiles de todas las Repúblicas soviéticas. 

    Se convocó a oficiales, soldados, reservistas, bomberos, científicos, tropas terrestres y aéreas, ingenieros de minas, geólogos, mineros del uranio y cualquier tipo de especialista de la industria nuclear. También a un ejército de voluntarios dispuestos a ayudar y luchar contra un enemigo contra el que la humanidad nunca se había enfrentado.

    Liquidador Chernóbil

    Grupos de liquidadores limpiando vehículos. 

    Por tierra y desde el cielo, brigadas de liquidadores se encargaron de limpiar la zona y de ir casa por casa quitando las capas de polvo radioactivo que lo cubrían todo.

    Se les conoció como liquidadores y muchos de ellos se expusieron a dosis letales de radiación. Durante los meses posteriores a la catástrofe, los liquidadores desbordaron los hospitales de todo el país. Algunos murieron en horas o semanas, otros asumirían algún tipo de discapacidad crónica.

    No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de la que tuvieron bien poca. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tenía que hacer ese trabajo. Ellos son los verdaderos héroes de toda esta historia. 

    El desastre de Chernóbil Igor Kostin
    El desastre de Chernóbil Igor Kostin

    Liquidadores de Chernóbil. Fotografías tomadas por Igor Kostin

    El sarcófago

    A finales de octubre, la limpieza había concluido y el sarcófago hermético estaba terminado. Fue uno de los legados simbólicos de los liquidadores.

    Su misión era cubrir el cráter del reactor y evitar fugas radioactivas. Le calcularon una vida útil de 30 años, pero su construcción se hizo de manera precipitada y “a distancia”. Las planchas se unieron con la ayuda de robots y helicópteros, de ahí que con el paso de los años se abrieran grietas en diferentes superficies. En la operación participaron más de 5.000 personas y, como acto simbólico se colocó una bandera de la URSS en lo alto del edificio. Una representación del triunfo sobre la radioactividad.

    Una victoria agridulce, puesto que el país nunca se recuperaría.

    Sarcófago Chernóbil

    Los reactores 1, 2 y 3 se volvieron a poner en marcha, ya que la Unión Soviética no podía permitirse cerrar la planta. En octubre de 1991, el reactor nº 2 se incendió y posteriormente se cerró. Tras la presión de algunos gobiernos extranjeros, en 1996 se cerró el reactor nº 1. El reactor nº3 lo hizo a finales de 2000 y la central nuclear dejó de generar electricidad de forma permanente.

    En abril de 2015, los reactores entraron en una fase de desmantelamiento.

    ¿Cuantas víctimas dejó el desastre de Chernóbil?

    queLas víctimas directas fueron, sobre todo, los empleados de la central y los bomberos que trataron de contener el fuego.

    Desde el momento del accidente hasta el año 2000, la cifra oficial era de 31 muertos, 2 trabajadores de la planta que murieron de forma instantánea a causa de la explosión y 29 bomberos que morirían durante los cuatro meses siguientes a causa del llamado Síndrome Agudo por Radiación. Una cifra, por supuesto, manipulada.

    DURANTE 15 AÑOS, LAS AUTORIDADES SOVIÉTICAS SÓLO RECONOCIERON AQUELLAS PRIMERAS VÍCTIMAS. 

    Muchos liquidadores recibieron dosis potencialmente mortales de radiación, pero las autoridades soviéticas obligaron a los médicos a relacionar las defunciones o las discapacidades con enfermedades anteriores de los pacientes. Nunca con Chernóbil.

    Hay diversidad de opiniones en cuanto al número total de víctimas del accidente a largo plazo. Es imposible cuantificarlos a todos. No existen datos sobre la salud de la población en las regiones afectadas anteriores a 1986, no se conocen los niveles de radiación a los que estuvieron expuestos todos los individuos y no hay grupos de control con los que poder hacer comparativas.

    Tampoco se ha podido determinar el número de casos de cáncer relacionados con el incidente de Chernóbil. No hay estudios científicos al respecto. La única excepción es el cáncer de tiroides entre aquellos que eran niños en el momento del accidente.  Entre 1992 y 2002 se diagnosticaron más de 4.000 casos, muchos de ellos debidos a la ingesta de leche materna contaminada. La mayoría fueron tratados y evolucionaron favorablemente, pero 15 fallecieron.

    En 2006 Greenpeace recopiló informes propios de la ONU y de la OMS y sacaron a la luz la cruda realidad. Una cruda realidad parcial, dado que nunca se sabrá la cifra exacta. Según esta organización, desde 1986 entre 100.000 y 150.000 liquidadores habrían muerto por causas relacionadas con la exposición a la radiación.  Y se espera que hasta el año 2065 se diagnostiquen 150.000 nuevos casos de cáncer y que 16.000 personas hayan muerto por enfermedades relacionadas con el desastre. 

    EN TOTAL, ENTRE HERIDOS, EVACUADOS, ENFERMOS, EVACUADOS, DESPLAZADOS… SE ESTIMA QUE UN TOTAL DE 10 MILLONES DE PERSONAS SE VIERON AFECTADAS POR EL DESASTRE DE CHERNÓBIL.

    Además de las perdidas humanas, la flora de la zona se vio severamente dañada, acabando con bosques y áreas verdes. Una de las partes más afectadas fue el que hoy conocemos como Bosque Rojo, que hasta la fecha es una de las áreas más contaminadas del mundo.

    El nuevo sarcófago seguro (NSS) 

    Treinta años después del accidente se inauguró el NUEVO SARCÓFAGO SEGURO, que pasaría a la historia por ser la mayor estructura móvil construida por el hombre hasta la fecha.

    Su misión es sustituir a la estructura anterior, construida a contrarreloj por los liquidadores. Después de tres décadas de exposición, no sólo a la radioactividad, sino también a las nevadas, a las lluvias y a las ventiscas, su degradación era más que evidente.

    El sarcófago, consistente en una descomunal bóveda con forma de arco, debe ser capaz de contener con mayor seguridad y garantías el reactor dañado. Además de evitar fugas de material radioactivo tiene que resistir a los elementos (incluyendo terremotos) durante al menos un siglo.

    Las cifras no dejan lugar a dudas.  Chernóbil fue una auténtica catástrofe creada por el hombre. Aquí se perdieron vidas, puestos de trabajo, se contaminaron ríos, lagos, miles de personas se quedaron sin hogar ni pertenencias, se tuvo que sacrificar animales, bosques y pueblos enteros … Los daños fueron incalculables. 

    Hoy, más de 35 años después del accidente de Chernóbil, la zona de exclusión es un lugar inhóspito, insólito, un escenario apocalíptico olvidado por la mayoría… Un desierto de calma y paz donde una vez hubo naturaleza, pequeños pueblos y algunos edificios residenciales