El Cadillac Ranch en Amarillo (Texas) es una de las paradas más icónicas de la Ruta 66. Esta instalación artística formada por diez Cadillacs enterrados en el suelo se ha convertido en un símbolo del viaje por carretera en Estados Unidos.


El Cadillac Ranch en Amarillo (Texas) es una de las paradas más icónicas de la Ruta 66. Esta instalación artística formada por diez Cadillacs enterrados en el suelo se ha convertido en un símbolo del viaje por carretera en Estados Unidos.

La Ruta 66, a su paso por el Panhandle de Texas, guarda joyas inesperadas como Alanreed, Groom y Conway, tres pequeños pueblos que, aunque modestos en tamaño, guardan grandes historias sobre el viejo camino… Sería una lástima que el viajero moderno con prisas los pasara por alto…
Al fin y al cabo, son estos breves lugares los que hacen que el viaje valga la pena.

A falta de un gran río o alguna una grieta continental que señale con claridad el límite entre los estados de Texas y Oklahoma, hay que fijarse en el paisaje… Y es que casi inmediatamente después de entrar a Texas, el terreno cambia. Los frondosos bosques de los Ozarks y las suaves colinas de Oklahoma quedan atrás a medida que las inmensas llanuras del Panhandle texano, se convierten en la característica dominante de unos paisajes que, por otro lado, son más bien poco memorables al oeste de Texola.
En unas pocas millas la tierra se vuelve más llana, aburrida y un poco más amenazadora, invitando al viajero a abrirse camino rápidamente hacia otras regiones más amables. Puede que esa sea la razón por la que, a estas alturas, rara vez pierdan de vista los cuatro carriles de la I-40,… ignorando que los pueblos fantasma y los lugares abandonados aparecen aquí mucho más remotos y surrealistas que en cualquier otra sección de la Ruta 66.
Fuera del área acotada por el ferrocarril, la Ruta 66 en Chicago incluye grandes espacios abiertos como el Grant Park, hogar de la emblemática escultura «Cloud Gate», la enorme fuente de Buckingham, el Millennium Park y museos de la talla del Art Institute of Chicago.
La «ciudad de los hombros anchos», encarna como pocas la esencia misma de la resiliencia y la ambición, características que definen tanto su pasado como su presente. Esas que la hicieron resurgir de sus cenizas tras el devastador incendio de 1871, que la destruyó casi por completo. El mismo espíritu inquebrantable que la reinventó con la mirada puesta en el cielo y que vio nacer el primer rascacielos en 1885, sentando las bases de la arquitectura moderna y el urbanismo que todavía hoy definen su silueta.
Nada que ver con el imponente horizonte actual en el que sobresalen los 443 metros de la Torre Willis, que dominaron el techo mundial durante 22 años (1974-1996). Chicago se muestra ahora como una urbe limpia y coqueta donde los clásicos edificios de los años 30 se mezclan convenientemente con espectaculares rascacielos de última generación, y estos, a la vez, con espacios públicos llenos de detalles arquitectónicos…
Chicago, situada a orillas del lago Michigan, no solo es una de las grandes ciudades de Estados Unidos, sino también el punto de inicio de la mítica Ruta 66 en Illinois. Desde su fundación, pasando por el Gran Incendio de 1871, el nacimiento del primer rascacielos del mundo y su papel como motor industrial, la historia de Chicago es la de una reinvención constante. No fue casualidad que desde aquí partiera la carretera que conectaba el Medio Oeste con el sueño del Oeste americano… En Chicago, cada rascacielos, cada puente y cada calle cuenta una historia de superación y visión de futuro. Sus calles todavía conservan el recuerdo de los días del jazz y el blues, los años turbulentos de Al Capone y la Prohibición, las luchas sociales de los sesenta y el renacimiento urbano que hoy la define como una de las ciudades más vibrantes de Estados Unidos.
✍️ Guía escrita por Xavi, viajero por carretera y creador de Carreteras Infinitas, basada en experiencia real recorriendo la Ruta 66 | Última actualización: 2025 ✍️ Este artículo forma parte de la guía completa de la Ruta 66 en Oklahoma, donde recorremos el trazado...
Durante el apogeo de la Ruta 66, la sección entre ALBUQUERQUE y GALLUP era una de las más memorables. Un Nuevo México de leyenda, una tierra misteriosa, un paisaje montañoso y colorido en el que la cultura nativa era más que evidente y donde abundaban los puestos comerciales.
Para el viajero del este, éste era el verdadero oeste.
El tramo entre Santa Rosa y Albuquerque es bastante más rápido si se toma la I-40 entre estas dos ciudades. Eso sí, se renuncia al paso por Santa Fe, sin duda, una de las paradas más imprescindibles y memorables de toda la Ruta 66. Si aún sabiendo eso, por lo que sea, alguien decide escoger este tramo, tiene que saber que la histórica alineación posterior a 1937 está casi completamente enterrada bajo los cimientos de la autopista.
Al salir de Santa Rosa por al Ruta 66 se cruza el río Pecos y se avanza por la I-40 hasta la salida 256 en dirección 84 Norte siguiendo el recorrido de la Route 66 original, hoy totalmente enterrada bajo los cimientos de la autopista. Se atraviesan algunos poblados sin demasiado interés turístico, como Dilia, Apache Springs, Los Montoyas o Romeroville, donde se enlaza con la Interestatal-25 para ir avanzando teniendo en mente que la pequeña carretera que discurre junto a la autopista era la antigua Ruta 66. Después de pasar por Bernal se pueden ver las montañas que conforman el lado sur de las Rocosas.
Poco más hasta llegar hasta SANTA FE, capital de Nuevo México.
Santa Rosa, Nuevo México, es conocida como «La Capital del Buceo del Suroeste» o la «Ciudad de los Lagos Naturales» por la cantidad de lagos y arroyos que hay por la zona, aunque los fanáticos de la Ruta 66 prefieren disfrutar de sus moteles, estaciones de servicio y cafeterías antiguas.
La llegada a Needles por la I-40 es muy poco memorable, así, quien quiera llegar a Needles de una forma auténtica tendrá que ascender desde Kingman por las Montañas Negras y disfrutar de la mística y de su paisaje espectacular, con el evidente atractivo de la...